jueves, 2 de marzo de 2017

El frío estaba ahí
como un arácnido de paciencia morbosa
y los desagües eran una trampa blanca,
signo y señal de aquella soledad
que rescatara la muerte años atrás.

A los labios la ególatra distonía del alambre
les frunció el silencio
y el agua pudo al fin manar pura
en el breve acontecimiento de los ojos.

Hubo cabelleras enmarañadas a las ubres del vacío,
dedos donde se incrustaron los cristales del ansia,
y alguna moneda de cobre para cubrir los párpados
de la adolescente que moría de sida entre las suelas
                                                                          [de la usura.

El primer día se convirtió así
en un resumen de la náusea,
aquella caligrafía que surcaba afán de autodestrucción
                                                                 [en la madrugada,
y los pies bien atados a la forja del insomnio
señalando la pendular página de la verdad.

                          2-marzo-2017