lunes, 31 de octubre de 2016

He venido a romperle el cráneo al acento
     diacrítico de las flores.

Declaro inaugural el incesto en tus ojos.
Abrillanto de mosaicos las jarchas de tu vientre.
Subo a tu paladar y desmenuzo amén hasta
     dejar solo la raspa del éxtasis.

Engrilleté tu clítoris a un águila real.

Te has masturbado con la más hermosa
     carroña del camino y permití que el placer
     lo exacerbaran los escorpiones y la frágil violencia.

Hueles a huella en la boca de los cráteres.

                      31-octubre-2016
Avanzo la hora de abrir arterias, apuntar la flecha
hacia la tierra que viola el placer de las primeras
lágrimas, mirar la breve demora con que una bestia
devora a otra bestia, articular el campo donde
los adolescentes en fuga mueren como las amapolas,
tañir la edad desestimando cualquier artilugio
que perturbe la edad, ser lacrando el silencio quien
charla con las polillas en el reservado de caballeros.

Avanzo los placeres de un cielo rotundo como las astas
de un toro, la alquimia de nacer de nuevo cada día
como si fuese el primer día, los arrestos de la podredumbre
en las manos del pordiosero, la palabra que llega a la
boca del niño mientras embarca hacia un largo retraso,
ese vuelo de la paciencia que sostiene la fe en los
caleidoscopios, el desierto donde gime el alacrán
ante el aliento de la pólvora, la pólvora que bebe
en el tuétano los espejismos del extravío, ese reloj
semejante a las tumbas cuyos cimientos son los diamantes.

Avanzo el olor de las huellas, el sigilo con que cruza la
ciudad el velo negro de las religiones, las heridas
del humo espeso, la nostalgia de la herida, el rictus
en ruinas de los gorriones, el excremento de los relámpagos,
ir a tientas hasta perder la conciencia, soñar donde siembra
el frío en largos surcos toda la necesaria expiación.

                              31-octubre-2016

viernes, 28 de octubre de 2016

A cierta edad asfixié un ladrón que merodeaba
la lápida donde yace mi juventud
y solo dejo que los mirlos se acerquen.

Hubo un tiempo que fuí preso. Pero no
por lo del ladrón. Fuí preso por hacerme
enemigo de los hombres en general.

En aquellos días lamía tanto vulvas
como falos. Era una insaciable fiera
deseosa de ser devorada por alguna
enfermedad.
                       Acudía a cuartos oscuros,
baños públicos, salas X, y mi único
profiláctico fue siempre la ebriedad,
los narcóticos, la locura, ...

Vagaba sin rumbo y el tiempo era un destino
en espiral, un cartílago al servicio
de aquella oscuridad que tanto amé
y que tanto amo todavía.

Muchas veces derramé semen en las
hogueras de los gitanos. Edulcoré las
horas esperando la vaguedad de mi
reflejo en largas rayas de coca.
                                             La jeringuilla
era una sensual dama cuya capacidad
para volar en el vacío aceleraba
la caída
hacia aquella cumbre de niño a solas.

Aquellos apéndices perdidos en la noche
que arañaban los párpados con las primeras luces,
cuanto todos mis cinco sentidos vieron,
tanto dormitar en los parques,
tanto querer fundarme en las fauces del infinito,
hizo noble mi sed y acogedor el anonimato.

Una tarde de julio una puta anochecida
a las doce pasadas del mediodía pintó en mi
derrota un nido y en mi billetera
susurró un silencio materno de campos no hollados.

Permitió que donde muere el agua
observase los últimos latidos de la luz.

                         28-octubre-2016

jueves, 27 de octubre de 2016

     Hay ocasiones que pienso que es una putada no saber escribir.
Pienso que es una putada no haber ido más que cuatro días
a la escuela. Esos días unto con barro la lengua, me siento
y espero.
                A veces surge cierta electricidad,
pero es una electricidad mediocre; insuficiente
incluso para dar una corriente adecuada al filamento de cualquier
bombilla.

Aun así cojo papel y lápiz y dejo que corra el caballo.
Al no ser buen matemático el animal corre errabundo,
presa de los anacolutos y de la amenaza de lluvia.

Antes de caer al hoyo lo leí "todo". Casi siempre sin entender
gran cosa. Fue entonces cuando comprendí que aquellos
textos, aparentemente oscuros, me atraían de una manera
morbosa, rayana en la obsesión.

Aquella tarde de agosto con apenas quince años, cansado
de pelármela, en que leí Aleixandre en la solapa del pobre
anaquel del salón, abrí el libro y no pude parar hasta
terminarlo, perdí la virginidad, se me rompió el himen
y sangré abundantemente durante años.

Hoy puedo afirmar que aquel fue mi primer amor,
mi único amor,
éste por el que renuncio a casi todo menos al hambre.

                              27-octubre-2016
Explícale la sangre, la inexpugnable
huella del beso, cada itsmo de ansia
en los umbrales perennes de la piel.

Cálmale los contornos que revive
cada día. Arráncale esa derrota de los
ojos. Persigue en su voz océanos,
secretos, el atavío solemne del grito.

Mántente atento a su vientre funambulista,
a las cicatrices que transcurren en lo
más hondo de su vagina. Háblale
de la calidez de los espejos suplantando
el vacío. De las pequeñas cosas
que habitan el aliento de sus cuadernos.
De los rastros de musgo que lentamente
visitan cada reguero de su silueta. Dile
amor y juega con los tiempos de su mirada.

Recuérdale cómo se roban los colores
y ábrele la boca por vez primera.
Es hora de que te desbordes en su
violencia y penetres esa herida abierta
ahijada de la ginebra y de los inviernos.

                       27-octubre-2016

miércoles, 26 de octubre de 2016

Apareada por la oscuridad, como una piedra
a la que tan solo la luz ha enrarecido,
regresas por fin como voz única al eterno
grito que en los cadáveres el tiempo
contempla solemne. Eres la viuda
perfecta sobre el mármol de tu lápida.

Allí donde orina en las hojas muertas
el día arrebatas a los metales un frío
que llevarte a los huesos, tan adentro
que ninguna mano valdría para devolverlo
en los lugares que el veneno hace rubia la ceniza.

Espina vehemente que monologas para la matriz
mercurial y descubres un feto calcinado,
tumor ácido como el vértigo en una cueva,
hilo que lames el cuerpo de un pájaro que es afanoso zumbido,
ahora las bicicletas son una extensa cicatriz
y los que esperan dentro de las habitaciones
clausuran los antojos o levantan bien alto las jaquecas.

Una gotera precipita la expiación ante los espejos
después de presionar el émbolo y dar uno o dos pasos.

                                      26-octubre-2016
ÉRASE UN CHAVAL QUE SE RENDÍA DESPUÉS
              DE VENCER EN LAS PELEAS

Alguna vez tropezó con neumáticos
embobado por el contorno de las nubes
mientras pensaba en los púberes
pechos de Cristina al soplar
sobre ellos un diente de león.

Siempre huía donde se rompe en los
párpados el silencio, donde el agua
desata el sueño de los barcos de papel,
donde en los ojos brillaba el escarabajo.

Fue desplazándolo la edad. Y una tristeza
de sombra tuerta, de voz
consumiéndose en los relojes, de piel
rosada como la eternidad, empezó
a buscarlo sabiendo que él jamás
volvería a ir tras los mirlos; que,
después de todo, no había nada que hacer,
salvo dar media vuelta y volver a casa.

                   26-octubre-2016

martes, 25 de octubre de 2016

Se aproxima el légamo de vida y los colores
que decidí crearte se estremecen
como palabras en la superficie de mi cuerpo.
Las horas que crecen y se bifurcan
son caudales al borde de la sinrazón,
atavío en fuga de un espacio que no tuvimos.
Aú así, en este agotado lugar, en esta mudez,
a escasos metros de la locura,
vierto la savia que me sigue fracturando.

El insomnio combustiona grietas
en los anclajes de la memoria; y el porvenir
aprieta descarnado como un hambriento
feroz a punto de lanzarse sobre las brasas.
Todo hiere o se enquista o se erosiona
mientras tú, que ahora abres otras ventanas,
sigues siendo la madera blanda de una obsesión,
del tamiz que jamás ejecuta el tiro de gracia.

Cuando hierve el tuétano acuden cuervos
con su coraje antibiótico, y lentamente
atraviesan sus picos en mi dolor sometido,
horadan en mi hígado, en mis pulmones,
en mi aliento febril como un hematoma.
Aunque yo los ignoro. Al no hallarte,
al no fundirte conmigo en el légamo de vida,
y en la certeza de que no acudirás,
muerdo la miel que enrarece el tiempo.

                         25-octubre-2016

lunes, 24 de octubre de 2016

La palabra se tatúa la voz de silencio
tras la consumación de las formas.
El viento ha tejido su sombra,
la luz y la materia se volvieron
escritura interminable y transparente
que penetró como pedriza por los lugares
con que el día crea los recuerdos
y se entrega con ansia a la memoria.
También en la palabra germina la semilla
por todos los intersticios, incógnitas
que asió con afán en la raíz
entretanto desbordaba en ella y sus signos
de repente revisitados de detalles
o de pequeñas cosas por las noches,
el letargo que transcurre en las alturas
y cobija sus huellas y su verdad.
En los espejos amargos y hondos
de futuro arrastrándose en espirales,
la palabra avanza por un camino de nervaduras
en donde asedian la sierpe y los cataclismos,
el fuego y sus cenizas, su embrión,
las cicatrices que el tiempo devuelve
con un dolor febril y reincidente.

                         24-octubre-2016
Un placer cuyo color primario es la forma
desgasta en tus pantorrillas
los intersticios de un aire varón,
el olfato que los perros asilvestrados
buscan en el pánico de la ropa tendida;
todo aquello
que subieron al féretro
                                           los gorriones
y la cicatriz deshilacha
cuando la lágrima hace un último
paseo por tus pezones.

                                          Tantas noches
acaricié el costurón de la cesárea,
admiré tanto su belleza escarpada,
cabalgué hasta diluirlas en sudor
las oleojinosas biopsias del día,
que ahora un solo pigmento inquieta
la blanca temperatura de la tierra.

Por esto soy el enfermo que se obsesiona
ante tu antibiótica raíz
y concluyo siempre apretando el nudo
plomizo que endurece nuestro grito
al arder lacerado
por las brasas que lames imprudente
durante el éxtasis de la palabra demolida.

                             24-octubre-2016

viernes, 21 de octubre de 2016

El tiempo se fractura en un reloj ebrio.
Vuelves a los espejos y, tras desnudarte,
hurgas retorciendo todas las sombras,
las huellas dormidas en los ojos,
en las horas plenas que creaste
para anochecer de calma mi insomnio.
Minuto a minuto van despertando en voz,
mientras las rozas por tu piel, y huyen
fuera del incendio que arde en mi cuerpo.

Así enfrentas silencios, derrotas y metales,
y el hartazgo de tantos arroyos desbordándose,
rastros que borraban de mentiras
el inventario tras los naufragios, y ahora viajan
de llama en llama, como los gritos
que se deshacen gangrenados en la lengua
por el afán del envés y la utopía.

                       21-octubre-2016

jueves, 20 de octubre de 2016

                            CATORCE

¿A qué lápida le pides enfrentar la quietud
que solo hostiga a quien no sacia sus espadas?
¿Cómo salvar el pulso y no morir encorvado?

Ahora el combate penetra como el apátrida,
y cede la noche su voluntad de conjuro,
hasta los pájaros se rinden a las hazañas
que rebasan las huellas donde confluye el viento.

No hay aún silencio táctil, ni las espinas
deshacen los márgenes grises de la locura.
Solo entra por la ventana un humo senil y ácido
cuyos estribos percuten en lengua y paladar.

Siempre adjetivo el pez que bajo las escamas
protege el vientre del mar y advierte en la salitre
la presencia irredenta y cruel de una neblina
usurpadora de cauces y caminos, danzas
afín al idólatra que retorna de la luz.

Igual que los hombres son presa de la lujuria,
así,                         de              
                                      la                en los campos,
donde el suicida carece ya de cualquier rencor,
piensa que la nada es una fuerza boca arriba,
una piedra en los escorzos profundos del nido.

                         20-octubre-2016

miércoles, 19 de octubre de 2016

                            CABALLO

La muerte dilató un trance de luz,
un festejo que facilitaban los nervios.
Quería enhebrarte en cada haz,
decidir en las membranas y en los esfínteres
los compases primeros del diálogo.
Buscaba tus raíces con el ímpetu
de topar el nudo de la oscuridad,
y deslíar los metales y las formas
en las costuras del azar.

(La yegua se despeñó monte abajo.
Yace con las patas traseras quebradas.
La naturaleza ya empieza a cumplir
su parte del trato. El aliento todavía
es ardiente cuando despiertan las primeras moscas.)

Un pretexto para no romper la soga,
probablemente eso es lo que perseguía.
Exhausto de mí bruñía la aguja,
y mamaba alucinado entre los sexos
de tus amantes, a grandes sorbos
para asfixiarme mejor si por fin hallaba
el veneno que hubiera de paralizarme.
Estuve tan cerca. A las vísperas de un
nombre más tallado en la piedra.

(Al animal lo remató con precisión
obscena la cuadrilla de limpieza municipal.
Antinatura fue incinerado junto a
moscas y larvas presas de la sinrazón.)

En mi piel permanecen las marcas
de un ansia que me expone todavía,
y en torno, acechando y ocultándose,
cábalas de éxtasis y expiación,
de marginalidad turbia y turbulenta,
crujir de estafas, y una copa
como una brasa que no se sacia,
que se queda velando la antecámara
inmersa en la crónica de un tiempo hurtado.

                      19-octubre-2016

martes, 18 de octubre de 2016

El tiempo era un estratega embriagado
durante el estío de los párpados,
las espadas cruzaban sin tregua
sus haces de silencio, y un rumor
de piel colmada por la voluptuosidad
nos poblaba las manos de palabras.
Mientras aguardábamos por la llama,
abrías las puertas del letargo
al reloj ávido de tu cuerpo.

Desde la buhardilla, un crepúsculo
tenaz de candor envolvía
con hondos colores nuestra cama.
Como un afán de espejos semejaba
que habían esculpido aquel arabesco,
aquel ansia de formas barrocas
que insinuaba su aliento y dibujaba
sus frases maceradas en sangre tibia.
Tú cerrabas mis ojos indolente.
Y en tus raíces enhebraba calma la noche,
inefable entre ángulos y puentes,
mientras yo hendía con mi sed
las sombras ancestrales, y el agua
corría dentro de una memoria insomne.
Una memoria que quisimos salvar
con los metales de un enero,
frío y cruel, oscuro y letal,
como el pulso absurdo de un grito en ruinas.

                           18-octubre-2016

lunes, 17 de octubre de 2016

Observo asediar el tiempo en mi memoria
y comprendo que está tramándose un estruendo;
que al fondo de la casa el viento
aleja noches y se deshace a través
de una luz que se abate, y todavía me vuelvo
escuchando respirar la epifanía de la sombra.
Cuando todo mi cuerpo sea atravesado
únicamente las montañas anhelarán tu infancia,
únicamente los espejos te hablarán.

Y así me sabré al fin eterno,
en la llama y en las cenizas, y la verdad
que madura mi éxtasis terminará penetrando
esta quimera ardiente que es mi silencio
hasta rozar el aliento de tus labios.
¡Qué gran tarea! ¡Qué poderoso gesto!
Un caos donde la vida sea vida
y no el rumor que te retiene pisoteando
sobre la fría materia de un mármol sordo.

Busco en el síno hondo de mi existencia,
en el hambre que traduzco y que te limpia
ante los ojos envejecidos del camino.
Y hallo que tu ser le ofreció certeza
al cuaderno de mi savia y mi tuétano,
aunque entonces, como un mirlo blanco,
depositaras mandrágora sobre mis manos
y amapolas en mis cicatrices, cegándome,
para coagular en tierra nuestras heridas.

                           17-octubre-2016

viernes, 14 de octubre de 2016

                                        HEROÍNA

Te adentras entre grietas de oscuridad
como yo entre mis noches,
su indeleble sustancia disuelta en signos.

Aceptas lo ausente, lo iniciático, lo mermado,
igual que yo intuyo a mi ansia, como si la luz
fuese un féretro del silencio.

Proyectas sus líneas hacia el tránsito, yo viajo
     hacia el naufragio
de su insaciable sed de desierto, de este insomnio
al que visto como tú vistes tus insomnios.

Se deslía y tú todavía la adviertes. El vacío
se vuelve glaciar para el tiempo,
para los espacios prisioneros en la piedra.

Accedemos a ella, perpetuando
     su tenaz
inmensidad en el cuerpo, asumiendo su inmóvil
     estatura,
quebrando el ebrio escozor de las espirales.

Accedemos; nuestras largas cabelleras
cruzadas como urdimbre de súbita materia:
luchamos; las espadas en alto
y la gris jeringuilla de la derrota sobre la cama.

                             14-octubre-2016

jueves, 13 de octubre de 2016

Luz de herrumbre y de metal en la baranda,
vértice de silencio, sombra con esquirlas.
Llegan pronto los pájaros y las ratas
y a la fuga de mi memoria el desencanto
de caminar indeciso o resuelto
hacia la incandescencia aguda de lo oscuro,
vacilación incompatible
cuando rompía raíces de la herida oliendo
la inocente nervadura de un temor
que apenas se asentaba, como enlosando pesadillas.
Exigir de la memoria un lugar percutiendo la memoria
igual que funambulistas ante la gravedad del vacío
por no tener hilación de una correspondencia
que siempre se afirma en tener porque sí,
siempre que la fiebre 
destempla a fondo la templanza.
Huelo los muebles polvorientos
con un filo de memoria que es el mismo
en los vagones olvidados de cualquier parte,
las ruinas boqueantes del suburbio
y el horizonte seminal de la ciudad.
En el tiempo de mentiras y reproches
del vivir humilde que permitía ser,
era ya un hecho este tiempo,
hacia el engranaje material del desencanto
que carcome entre los metales y las esquirlas.

                          13-octubre-2016

martes, 11 de octubre de 2016

Mi silencio no prevé el simulacro prodigioso,
no está detrás del tiempo ni vislumbra lo venidero.
Mi silencio aparece distraído allí donde las moscas
se abrazan a las formas invisibles de la casa deshabitada.
Está en las orbes de luz
que saben del retraso y los lugares de tibia doblez.
Mi silencio avanza con la banalidad de aquello
que no es necesario.
Es la nieve jinete en los laberintos,
el traductor de los amantes que se aman en los nidos,
la puerta entreabierta para quién solo pasa rozando.
Su insumisión se fractura ante los espejos,
y de la verdad no espera más variables
que el minúsculo acento en los poros de la sombra.

Mi silencio es una estructura desordenada
     como la oscuridad,
la materia color asfalto acceso a tus pupilas,
el rítmico útil para quién sabe qué expiación,
aquella claraboya sugerente y remota
que rota sobre sí misma insomne de claridad.

Prójimo, mi silencio, del llanto precario,
disemina en cada rama a la que se acerca
algo del enigma del niño que se gangrena en el ruido.

Mi silencio es una caja de resonancia;
la zona cero del origen.

                                  11-octubre-2016

lunes, 10 de octubre de 2016

Te acosa el cuerpo cierto castigo
que el epitelio de la sobriedad
envuelve a los huesos
con esa impaciencia
de lo que no sutura nunca
la áspera ronquera de una fiebre
desollada allí donde fue insoluble la sombra.

Contra el dolor cercenas los ángulos del camino,
talas la matriz de los pájaros,
subes la grieta cada vez más quebradiza,
buscas los labios de la almendra y del espejo.

Te acosa el cuerpo cierto castigo.
Perdiste tu amuleto. Desovas en las pesadillas
el álgebra de un soliloquio
perimetrado por las lascas del aire.

Algún día te iniciarás en la verdad.
Serás el aliado perfecto de afiladores,
y los amputados querran respirar
el oxígeno dentro de tus pulmones.

Mientras, los gusanos limpian la infección y
en los cuchillos resiste la duermevela del hambre.

                            10-octubre-2016

viernes, 7 de octubre de 2016

En ocasiones uno deja de ser hombre y se vuelve hecho,
hecho que otro consuma,
acto de barbarie y
artilugio que otros manipulan para cometer crímenes,
émbolo lubricado en una fe irracional,
brutalidad huésped de una noche impaciente,
hambre que no mantiene el equilibrio.
Hay así algo que contradice el alma
y, desconcertándole sus puntales,
le vuelve cuerpo que aguarda su narcótico en las esquinas,
recipiente donde pondrán sus excrementos de horror los puñales,
légamo de locura trastornado y sin voluntad,
fuego mal apagado en una hoguera de miedos antiguos.
O incluso, extirpado uno de su matriz,
se le hunde la pura dignidad en fiebre,
deriva su ser en ruinas, en ruindad,
se hace casquillo que detona en unas pupilas,
materia forzada a obsesión, a oscuridad.
Uno es vacío de sí mismo.
                                              Quizás solo
porque el rastro de las huellas ha desaparecido,
o alguien ha amputado los puentes hacia los albergues,
por el alarido de las horas desnucadas en la madrugada,
por los delirios de su coraza.
Nada entiende.
El mundo empieza entonces donde empiezan los desiertos.
Lugares que un buen día aniquilan la inocencia
y se abren a nuevas travesías
que son aire y semilla de otros ojos.

                              7-octubre-2016

jueves, 6 de octubre de 2016

Nadie da por hecho no conocerse.
La urgencia que antecede al regreso de la luz
inane, el tuétano y las sombras
que convocan la derrota de la vida
y el tiempo y la frontera
llegan de comprometerse al artificio a un rol
hurtado todavía de su contornos, a una travesía sin destino,
tensan un entramado de fibras débiles
o presionan al impulsar hacia el vacío
la sutura del insomnio, estrábica. Todo resuelve
por incidir y mejor sería
no rendirse de nuevo al azar de los días:
su instrumental cruel de metales y fuerzas
agrede el sedimento de la úlcera; su hospedaje
fustiga el límite de unas arterias,
las tuyas. Por eso, ahora sí, no
precipitarse: la urgencia
y el tiempo. El azar
libre. Nadie
llega únicamente por conocerse.

                       6-octubre-2016

miércoles, 5 de octubre de 2016

Hay ciudades que laten en la rajadura:
son ciudades divididas, letales, doloridas,
las escinden los barrotes desde su parto,
son caligrafía de culebra, grito de gato ebrio,
colmillo de expiación, indicio en extravío.
A uno le habitan ciudades así sin aparente motivo;
escruta la hemorragia provocada,
si un infecto metal le ha descerrajado el pecho,
si ha despertado un detonante para cercenar la comisura de los
     días.
Pero existen ciudades que surgen como pus de las pesadillas.
Encorvan sus escombros por el pálpito de los neones,
lubrican de peste el estertor de las sombras,
encogen la verdad en los alambres de la saliva,
devoran podridos los relojes o vomitan las horas.
Esas ciudades, esta ciudad, trastorna las manivelas y los adoquines,
modula velocidad y silencio, cierra las texturas en oscuridad,
arruga el reflejo de las máscaras y de los regresos,
reduce los paréntesis a uno como trazo de rumor hendido,
roe los cimientos, taja el hormigón, eclosiona las cicatrices.

                              5-octubre-2016

martes, 4 de octubre de 2016

Hay días impregnados de intensidad.
Año tras año, han derivado a continuo absoluto,
se ha iluminado en ellos, como se invierten los sentidos,
el aire o las ansias, la precisa exactitud.
Se han erigido sus formas fragmentos silentes,
rescoldos para los ojos, puertas para la conciencia.
Si uno vagabundea sus hebras,
una lánguida claridad se adhiere a la piel, y uno habita
márgenes de luz contenidos en el éxtasis.
De su eficacia solo puedo dar gracias.
Unos me sabían a ceniza y a monte y a barbas de aquelarre,
después me sabían a raíz tóxica, a frontera,
aún me saben a río eterno.
De ahí arrancan nervaduras las manos del tránsito:
el pudor, lo prosaico, la ascesis, los desencantos.
Otros, no muy visitados, aunque a menudo los ronde;
en cuanto me presienten cambian los parajes,
se transforman, bifurcan los caminos, se vuelven
                                                                           [ardid del infinito,
música que me desnuda.
Suenan como un repertorio de astros decadentes.

Uno avanza hacia lo incógnito al acecho de su libertad.

                              4-octubre-2016 (A.P.)

lunes, 3 de octubre de 2016

¿Qué soledad estrecha el viento del horizonte
para que tú te apoderes de los gritos abiertos,
hondos relámpagos lamidos por las pupilas,
y ninguna montaña galope
cuando crujen las pisadas de un agua
     tan potente
que engulle los bosques enjaezados?

¿Qué ruptura es tan pesada como para
     horadar el infinito
y no refulgir ya nunca en aquellos
riachuelos que apenas cubrían tus rodillas
cuando eras niño y todavía voz intacta?

Habla el camino de luminosos jeroglíficos,
inmutables afluentes desiertos en septiembre,
jarras y viudas de vino tinto y aguardiente,
manantiales cuya perspectiva ligaba cultivos,
amargor paralelo de la carcoma insomne,
otoños espesos difuntos de la medianoche.

Dice el camino
los rincones lentos de
la monotonía, la
absurda ingenuidad
de algunos hombres y
los altibajos
de la luz
proyectándose en
las polillas.

                                3-octubre-2016