viernes, 9 de diciembre de 2016

El ansia arrastra las llaves,
arrastra sus llaves en mi cuerpo, sus llaves lentas
y arcaicas.
En mi cuerpo donde otra losa murmura
sus iniciales quemadas.

Todo el paisaje quebrado que se espesa en la memoria,
ese camino que se bifurca desde una arteria de tuétano mineral,
ese corte de la sombra que ha hendido la ceniza.

Los líquenes y la piedra, los megalitos desplazados
por un rumor de silencio;
los tentáculos del insomnio en los ojos, sobre la losa
el aliento violáceo de una expiación
inocua, inerme, inútil.

El ansia arrastra los metales
y su fulgor penetrante me araña como espinas,
como las puertas rotas que he ignorado en la infancia.

                             8/9-diciembre-2016