martes, 15 de noviembre de 2016

También el ansia se erosiona con la edad.
Aunque abras en exceso los ojos en lo que olvidas,
y te duela admitir que apenas existes,
debes ir bajo las nubes al encuentro del eco.

Ahora ya no es una cuestión de desmemoria;
los grillos son la oscura música de la tierra,
la hebra del anhelo que quiebra las piedras,
esa voz cuyo dolor es incapaz de pronunciar el aire.

Jamás desprecias el poso leve, la frágil
caricia de la sangre, oír los colores
en el ileso desierto de la ceguera, tomar
la horizontal cuya transparencia arde
en las raíces y el desnudo espacio de la herida.

Adviertes los mansos labios de la muerte
acercándose con apenas un nombre,
y la fatiga tardía de orillas donde
se respira el aroma triste de un humo
que amenaza la inocencia de las cenizas.

A nadie lastima el viaje que precede
a lo nunca nacido; tan solo la llama
aguarda impaciente el insomnio en la caverna.

                                15-noviembre-2016