miércoles, 23 de noviembre de 2016

                              EL DOBLE

Ante el extraño,
sin importarme su golpe de dados o su primer esbozo,
su tipo de traje o de locura,
me bebo tranquilamente lo que me ofrezca,
ponzoña, licor, elixir o veneno,
indago en la identidad de su reflejo,
en los callejones de su rutina,
libero sus nubes de tormenta a pesar de que jamás son verdaderas,
y no solo me bebo la ponzoña, sino que embriago con ella una
     escolopendra, un país, un monstruo arrogante, una puta,
embriago un espectro, una lágrima inhóspita, una colmena turbada,
     una flauta de hasch,
embriago un ángel de barro, un cocodrilo, la sentencia en firme,
     de nuevo la sentencia en firme -aunque no termine de concretarse
     la fecha y la hora,
embriago por último a la voz que me nombra, decapitando al verdugo,
esto es, a la mía misma, la pérfida ingenua, la que nunca
     obtendrá por legado el horizonte.
Continuaré maquinalmente con mis elucubraciones estériles,
procediendo cauteloso no derramar ponzoña alguna,
ya que habría grandes probabilidades de esperpento,
y luego tanto mi mortaja como yo seríamos un mismo rastro
     ausente,
dos anónimas raíces anudadas en una tierra siempre desierta.

                                    23-noviembre-2016