miércoles, 2 de noviembre de 2016

Despierta ahora, los sastres sádicos
que cultivaste sobre las variantes orinadas de mi sombra.
Despierta la dinástica jauría de mis venas
para que aprenda hollar la amable verdad de los hormigueros.

Ofréceme la oscuridad sin fin de las losas o de los metales.
Ofréceme de aquel ansia que todavía no es sangre,
anterior al asesinato, mientras vierte solo
                                                       [incertidumbre entre tus ojos
     en el juicio.

Deja que lama tus más alucinógenas sustancias
como sabrosos efluvios de tóxicos y esclavitud,
para aturdir a mis encías y exponer mi indigencia.

Envenena los hondos recovecos de mi sexo
hasta que pueda mostrar el semen, sin aspecto de espina;
hasta que vuelva a rozar la salitre de los nidos
sin romper las finas hebras de su forma.
Hasta que abra en el carácter de los silencios
el ciego rumor de un émbolo.

Licúa de una vez esta pútrida cólera animal
que me arrastra con su vómito impotente
y me aleja de los colores intensos...

Oculta en los subterráneos de la carcoma ambigua
estos licores que me enervan en el
                                 [insomnio con su tenaz fragancia.

Que alrededor de mi cuerpo pueda bailar el humo
como alrededor de las huellas de una hechicera
o las miniaturas barrocas de un éxtasis.

Y que un inesperado día, pueda envolverme a mí mismo,
alrededor de mis cenizas, en mi brasa,
con el vórtice de la matemática desnuda del futuro.

                            2-noviembre-2016