lunes, 14 de noviembre de 2016

Conociste la utopía en el ala de los otoños,
en la ola ocre del cognac,
en el viaje hacia el tríptico tras el diluvio,
en los ruidos rotundos de los jadeos
     enérgicos en los baños del instituto,
en sus uñas clavándose en tu cuello,
en aquel dolor de las nubes tranquilas
cruzando lentamente tus ojos
mientras el piano, con sus cuerdas,
multiplicaba texturas sobre la piel de los días.

Conociste la ternura en los expedientes de los dedos
que utilizaron raros artefactos en el laboratorio del bufón.

Conociste la sed al abrigo del frío,
en las camas cuya luz fuera pájaro deshabitado,
en el desasimiento de lo amarillo antes de tocar puerto,
en la honda fatiga de las aguas extraviadas,
a tientas de los párpados de la amapola y del alcanfor,
en la levedad incluida con la palabra silencio.

Quisieras
                 volver a aquella cima donde los peces se prestaban
                 al aroma ácido de los limoneros,
                 hallar de nuevo las rodillas enrojecidas
                 arrastrándose por las brasas de la luna creciente,
                 danzar oscilando en los avisperos de la imprudencia,
                 sacarle al vértigo las arterias del mareo,
                 perder en los montes el miedo al castigo,
                 ser esclavo de la libertad bajo las caderas de la noche.

                                   14-noviembre-2016