martes, 8 de noviembre de 2016

Asomas en los ángulos como el pentagrama
     arácnido de la soledad,
como ese tacto que te nombra al incendiarse.
Eres el cobijo, la inanición del exceso,
aquella infancia en los espejos de la impostura.
Bien podrían ser tus jeans un aroma, la
     voluta que concierne a los ojos
harta de las acrobacias del placer.
Gozas de la duda cuando tus dedos
se aplican en mi laberinto.
                                                 Abre otra vez
esa secreta puerta y que la saliva
sea la resonancia de las rosaledas,
última cirugía de los besos sobre el fregadero,
el brote cauterizado que ha de extirparse a la noche.

Resbala en tu lengua la arena movediza.
Hay metáforas circulando insomnio en doble dirección.

                               8-noviembre-2016