jueves, 3 de noviembre de 2016

Aquí el agua, esa marioneta del hombre,
golpea las puertas continuamente
y no atiende al croar de las ranas.

A estas horas en que el río es un dolor
sin identificar, cuya superficie
apenas erecta el pezón de las bañistas,
enfurecido devoro pequeños cangrejos,
decapito gallináceas y patos, y abro
el ataúd donde guardo un licor
que ofrendo a esa claridad ensangrentada
taxidermista de brebajes propios del cuervo, y
arisco silencio pisoteado por el alma del vómito.

En estas orillas forniqué con las bestias,
copulé lentamente hasta volver mueca
la agonía del caos,
hice estandartes al coito funerario,
a la verdad lasciva del orgasmo
que tantas trenzas calcinó
quebrando el pecho de los que nacieron
en el tiempo de los asesinos.

                         3-noviembre-2016