martes, 25 de octubre de 2016

Se aproxima el légamo de vida y los colores
que decidí crearte se estremecen
como palabras en la superficie de mi cuerpo.
Las horas que crecen y se bifurcan
son caudales al borde de la sinrazón,
atavío en fuga de un espacio que no tuvimos.
Aú así, en este agotado lugar, en esta mudez,
a escasos metros de la locura,
vierto la savia que me sigue fracturando.

El insomnio combustiona grietas
en los anclajes de la memoria; y el porvenir
aprieta descarnado como un hambriento
feroz a punto de lanzarse sobre las brasas.
Todo hiere o se enquista o se erosiona
mientras tú, que ahora abres otras ventanas,
sigues siendo la madera blanda de una obsesión,
del tamiz que jamás ejecuta el tiro de gracia.

Cuando hierve el tuétano acuden cuervos
con su coraje antibiótico, y lentamente
atraviesan sus picos en mi dolor sometido,
horadan en mi hígado, en mis pulmones,
en mi aliento febril como un hematoma.
Aunque yo los ignoro. Al no hallarte,
al no fundirte conmigo en el légamo de vida,
y en la certeza de que no acudirás,
muerdo la miel que enrarece el tiempo.

                         25-octubre-2016