jueves, 27 de octubre de 2016

     Hay ocasiones que pienso que es una putada no saber escribir.
Pienso que es una putada no haber ido más que cuatro días
a la escuela. Esos días unto con barro la lengua, me siento
y espero.
                A veces surge cierta electricidad,
pero es una electricidad mediocre; insuficiente
incluso para dar una corriente adecuada al filamento de cualquier
bombilla.

Aun así cojo papel y lápiz y dejo que corra el caballo.
Al no ser buen matemático el animal corre errabundo,
presa de los anacolutos y de la amenaza de lluvia.

Antes de caer al hoyo lo leí "todo". Casi siempre sin entender
gran cosa. Fue entonces cuando comprendí que aquellos
textos, aparentemente oscuros, me atraían de una manera
morbosa, rayana en la obsesión.

Aquella tarde de agosto con apenas quince años, cansado
de pelármela, en que leí Aleixandre en la solapa del pobre
anaquel del salón, abrí el libro y no pude parar hasta
terminarlo, perdí la virginidad, se me rompió el himen
y sangré abundantemente durante años.

Hoy puedo afirmar que aquel fue mi primer amor,
mi único amor,
éste por el que renuncio a casi todo menos al hambre.

                              27-octubre-2016