lunes, 17 de octubre de 2016

Observo asediar el tiempo en mi memoria
y comprendo que está tramándose un estruendo;
que al fondo de la casa el viento
aleja noches y se deshace a través
de una luz que se abate, y todavía me vuelvo
escuchando respirar la epifanía de la sombra.
Cuando todo mi cuerpo sea atravesado
únicamente las montañas anhelarán tu infancia,
únicamente los espejos te hablarán.

Y así me sabré al fin eterno,
en la llama y en las cenizas, y la verdad
que madura mi éxtasis terminará penetrando
esta quimera ardiente que es mi silencio
hasta rozar el aliento de tus labios.
¡Qué gran tarea! ¡Qué poderoso gesto!
Un caos donde la vida sea vida
y no el rumor que te retiene pisoteando
sobre la fría materia de un mármol sordo.

Busco en el síno hondo de mi existencia,
en el hambre que traduzco y que te limpia
ante los ojos envejecidos del camino.
Y hallo que tu ser le ofreció certeza
al cuaderno de mi savia y mi tuétano,
aunque entonces, como un mirlo blanco,
depositaras mandrágora sobre mis manos
y amapolas en mis cicatrices, cegándome,
para coagular en tierra nuestras heridas.

                           17-octubre-2016