jueves, 27 de octubre de 2016

Explícale la sangre, la inexpugnable
huella del beso, cada itsmo de ansia
en los umbrales perennes de la piel.

Cálmale los contornos que revive
cada día. Arráncale esa derrota de los
ojos. Persigue en su voz océanos,
secretos, el atavío solemne del grito.

Mántente atento a su vientre funambulista,
a las cicatrices que transcurren en lo
más hondo de su vagina. Háblale
de la calidez de los espejos suplantando
el vacío. De las pequeñas cosas
que habitan el aliento de sus cuadernos.
De los rastros de musgo que lentamente
visitan cada reguero de su silueta. Dile
amor y juega con los tiempos de su mirada.

Recuérdale cómo se roban los colores
y ábrele la boca por vez primera.
Es hora de que te desbordes en su
violencia y penetres esa herida abierta
ahijada de la ginebra y de los inviernos.

                       27-octubre-2016