viernes, 21 de octubre de 2016

El tiempo se fractura en un reloj ebrio.
Vuelves a los espejos y, tras desnudarte,
hurgas retorciendo todas las sombras,
las huellas dormidas en los ojos,
en las horas plenas que creaste
para anochecer de calma mi insomnio.
Minuto a minuto van despertando en voz,
mientras las rozas por tu piel, y huyen
fuera del incendio que arde en mi cuerpo.

Así enfrentas silencios, derrotas y metales,
y el hartazgo de tantos arroyos desbordándose,
rastros que borraban de mentiras
el inventario tras los naufragios, y ahora viajan
de llama en llama, como los gritos
que se deshacen gangrenados en la lengua
por el afán del envés y la utopía.

                       21-octubre-2016