martes, 18 de octubre de 2016

El tiempo era un estratega embriagado
durante el estío de los párpados,
las espadas cruzaban sin tregua
sus haces de silencio, y un rumor
de piel colmada por la voluptuosidad
nos poblaba las manos de palabras.
Mientras aguardábamos por la llama,
abrías las puertas del letargo
al reloj ávido de tu cuerpo.

Desde la buhardilla, un crepúsculo
tenaz de candor envolvía
con hondos colores nuestra cama.
Como un afán de espejos semejaba
que habían esculpido aquel arabesco,
aquel ansia de formas barrocas
que insinuaba su aliento y dibujaba
sus frases maceradas en sangre tibia.
Tú cerrabas mis ojos indolente.
Y en tus raíces enhebraba calma la noche,
inefable entre ángulos y puentes,
mientras yo hendía con mi sed
las sombras ancestrales, y el agua
corría dentro de una memoria insomne.
Una memoria que quisimos salvar
con los metales de un enero,
frío y cruel, oscuro y letal,
como el pulso absurdo de un grito en ruinas.

                           18-octubre-2016