jueves, 20 de octubre de 2016

                            CATORCE

¿A qué lápida le pides enfrentar la quietud
que solo hostiga a quien no sacia sus espadas?
¿Cómo salvar el pulso y no morir encorvado?

Ahora el combate penetra como el apátrida,
y cede la noche su voluntad de conjuro,
hasta los pájaros se rinden a las hazañas
que rebasan las huellas donde confluye el viento.

No hay aún silencio táctil, ni las espinas
deshacen los márgenes grises de la locura.
Solo entra por la ventana un humo senil y ácido
cuyos estribos percuten en lengua y paladar.

Siempre adjetivo el pez que bajo las escamas
protege el vientre del mar y advierte en la salitre
la presencia irredenta y cruel de una neblina
usurpadora de cauces y caminos, danzas
afín al idólatra que retorna de la luz.

Igual que los hombres son presa de la lujuria,
así,                         de              
                                      la                en los campos,
donde el suicida carece ya de cualquier rencor,
piensa que la nada es una fuerza boca arriba,
una piedra en los escorzos profundos del nido.

                         20-octubre-2016