jueves, 15 de septiembre de 2016

No hay que vivir a regañadientes cuando los
     chicos salen a la calle a romper escaparates
     y no eres tú el maniquí al que destrozan la cabeza.

¿Estás bien, Nora? Recuerdas las botellas de ron.
     Ahora solo vino, eh. De acuerdo, los caracoles siempre
     han mantenido la velocidad correcta.

Aquel 2011 no partimos la tarta pero enterramos
     a tu abuela. La vida continúa. Pero se terminaron
     los paseos en invierno por la playa. El vino era
     demasiado malo y no había muchachas que dibujar.

La muerte con flores frescas y las garcetas pecando de
     interés: Allen, Woody; Cobain, Kurt.

En ocasiones, quienes albergan éxito nos han hecho creer que
     no soportan estar solos
por temor a si mismos, que también, en muchos aspectos
son irregulares para la historia, igual que nuestros lápices.
     Por eso malvenden su tiempo
en aquelarres que transfunden amor, tras el grito de la metáfora del
     déjà vu;
en ocasiones, durante el orgasmo, se licúan sobre el esperma
y se marchitan lamiendo la colmena limpia de miel, cismática
     y atáxica,
aunque, ante todo, se juzguen, parodiados por el absurdo,
     con lluvia en los ojos,
la náusea hacia la noche, la memoria con algún resto de
     cloroformo bajo la máscara.

                                     15-septiembre-2016