viernes, 30 de septiembre de 2016

                                   "...con el beso de acero, con su herida."
                                                MARÍA ÁNGELES PÉREZ LÓPEZ

Arden las paredes de la casa como una
     enfermedad incurable,
como una lluvia de ratones,
como la fiebre en el vértice mismo de la 
     verdad.

El pazo lo había dividido en dos la guerra:
a la derecha los vencedores,
a la izquierda los vencidos.
Separando ambas mitades
un triste tabique mal rematado.

Era el silencio un elemento común 
     a ambos lados.
Un silencio cargado de odio y de rencor.

Yo iba todas las mañanas a abrir la llave del agua
al lugar que habitaban las avispas,
al lugar que habitaban los fantasmas
y un viejo merendero cubierto de verdín y soledad.

Allí la luz tenía un signo inestable.
Los alambres de espino que partían el huerto
acumulaban la herrumbre de la fruta podrida:
el óxido de los hombres que habían decidido
no cultivar ya nunca más aquella tierra
por temor a cruzarse y ser el primero en bajar la cabeza.

                           30-septiembre-2016