miércoles, 21 de septiembre de 2016

                    CU-CÚ CANTABA LA RANA

Era septiembre y eran horas para la anarquía y el
     plagio
cuando nuestras noches sufrían en espinos
por las voces que arrastrábamos del reloj hueco
a la última barbarie entre la palabra y la memoria.

Respetamos que gritaran en bitácoras,
les balbuceamos la exactitud de minutos dispersos,
intuíamos que tendrían mejor color tras el silencio,
tras sinsentidos subvertidos de odio y muerte.

Así fue que las escuchamos con especial parsimonia,
anulando ruidos las bocas se leían
y todo les transcribimos con sencillez;
si un pájaro soñaba o una piedra latía.

En numerosas ocasiones las hemos hallado entre el polvo
y en los desnudos espejos de extraño envés.
Siempre acudimos seducidos por las nervaduras del alfabeto
allí donde tú, yo, vosotros, nosotros no iríamos jamás.

                                21-septiembre-2016