miércoles, 24 de agosto de 2016

En la brevedad de una parálisis sin transparencia,
por el impuro achique de un ventilador estropeado,
sobre la camiseta con babas de varios desconocidos,
aquel noviembre que fuiste feliz entre los raíles químicos,
tras un azar que es la suma de todas las derrotas,
lamentando que un álbum sean ya las cenizas de íntimos silencios,
precario como ese país extraño que es tu país,
cuando los amigos cayeron en la rutina desolada del ayer,
ahora que la voz disipa la trivial instancia de tiempo,
este fuego incivilizado hace incomprensible tu rostro.

Llueve una ráfaga de óxido que traspasa el perfil de los cuchillos,
única como el camino hacia la calima de la verdad,
vinculante en esa imposibilidad de volver a tocarnos,
allí donde se extingue la ciudad y la asfixia acaricia el laberinto.

Es la vida un fin apaciguado por la fiebre del olvido,
aquel humo que duró lo que dura una palabra en la boca de un niño,
esa tan lejana máscara a la que los gusanos se acercan serenamente,
polvo que en la conciencia agrede una herida sin habitaciones vacías,
el animal rescate de la razón para no desesperar sobre la cama
en esa continua hemorragia que devora el placer y calla.

                                     24-agosto-2016