miércoles, 20 de julio de 2016

Tras la lluvia, en invierno, una inescrutable
tristeza se desliza por las calles de la ciudad
y los borrachos asen con fuerza las tazas de vino.
Sus esposas lloran en silencio mientras intuyen a la bestia.

Tras la lluvia, en invierno, las putas comen inmersas
en el embudo hipnótico de la droga y el hambre a la
espera de ir a buscar oro sobre unas camas que huelen
al vómito de la usura donde sepultan su juventud un día tras otro.

Tras la lluvia, en invierno, hay bocas desdentadas que lamen vergas
en las cabinas de los sex-shops con la indolencia del recluso
que a todas horas aguarda que la recámara de la muerte
eyecte su semen de muerte y garganta abajo abra un tajo bien
definido, irreversible e incompatible con la vida.

                                 20-julio-2016