lunes, 11 de julio de 2016

Si el camino es de cerca una prolongación del camino,
en esta luz debieran adivinarse
los pasos involuntarios, el día sin límite y la sombra cruel,
los ecos ignorados de todo el paisaje.

En los márgenes, donde existen cuajados colores,
el tiempo se resigna como una flor solitaria
y la tierra cicatriza la ilusión del grito en el aire.

(En los márgenes, en la tierra, donde no existen huellas.)

Pero todo el paisaje es una cercanía última
como también es la herida el perfil de otros cuerpos,
la realidad lenta de quienes pasan rozando
y a solas provocan, sin ansiarlo,
una erosión amarga que no los reconforta.

Pero en el paisaje imperan espejos ciegos
y no cesan de llorar las mismas piedras.

Podrían suponerse los párpados del río,
por oír las hendiduras de la noche.

Que se vaciara la sombra de contornos, y el día se aísle,
y se olviden los pasos sin que nadie se extrañe:
tras la guerra ninguna palabra sacia la sed.

                           11-julio-2016