martes, 26 de julio de 2016

Los hombres se embriagan con sus turbios recuerdos,
con las heridas de luz que les cicatriza el presente.
En la sombra ocultan sus insomnes miedos
que a tientas se despeñan hacia la nada sin testigos.

En sus pechos amenazan confusas revelaciones,
que arden limpiamente con un crujir de la voz,
demoras crueles e inútiles alarmas,
horas del tiempo violentamente amputadas.

La fiebre de lo injusto, de lo necio y lo cobarde
oscuros vientos la arrastran a ciegas,
y en las fracturas frías que el hombre guarda
un eco humilde se vuelve sutil y cómplice.

Quizá huyó el rehén de las fronteras,
quizá huyó el hombre, hacia la nada sin testigos.

                            26-julio-2016