miércoles, 6 de julio de 2016

El ligero peso del silencio avanza roces
     puros a las manos.
Plenas de luz, cabalmente extirpan
     la raíz a la sombra que han recorrido a
     solas bajo la piel.
Audacia sin miedo, y azar en el día.
Perciben los colores contra su ansia,
cruje el tiempo
y nada es hábito ni vacío ni sueño.

A primera hora, la lluvia otorga su
     mansedumbre. Después la piedra, humilde,
     declara su perfume para que asciendan
y las cuida de las grietas y las heridas.

Mientras las observo, pienso en papá que
     sujeta mi cuerpo para llegar hasta el fruto. Y recuerdo
     también su último esfuerzo.
El mordisco a una jugosa ciruela fue mi premio.

Tal vez hayamos vivido a dos tercios de distancia el
     uno del otro. Desconozco si él tendrá la certeza
     de esta cuestión, que es ley de vida.

El tiempo, mientras tanto, sigue su curso
y ante mis ojos puedo ver las agujas de ambos relojes, que
     nos aguardan.

                                   6-julio-2016