jueves, 14 de julio de 2016

El ataque necrótico del alcohol,
el ataque del tiempo mortífero,
como el templo de miedo del Ser,
como la espátula de la sinrazón:
el caos, la asepsia de un autómata insensato,
como si, partícipes de la usura, huyéramos
aterrados al compás de la gangrena;
el ataque de los metales
fraguados por matarifes de pelaje gélido,
el ataque de vórtices venenosos,
el ataque de espuelas ancladas en las córneas:
en el ansia del timón pútrido
ninguno percibe la herrumbre del autómata;
avanzamos a ciegas, como creyentes con la conciencia ulcerada,
como los sirleros de la belleza
o los estafadores de la memoria
en esta tierra repujada de abismos.

                              14-julio-2016