lunes, 20 de junio de 2016

Trastorné la nada y floreció el cadáver.
Cadáver de la sombra perfilándose en el vacío.
Venía de la fiebre, del aliento de la llama,
escarbando en los huesos de mi expiación.

Me pronuncié en el envés al norte del mármol.
Una hojarasca con semblante de arteria
tatuó yedra de una potencia extraña
en el paladar cautivo de una pálida colmena.

La raíz provoca un vómito agradable unas dos
horas después de su ingesta. Se enrojecen los
ojos. Ardes en la calma y la paz de la luz.

En ocasiones, muy raras veces realmente,
consigues visualizar un orgasmo. Un llanto
anormal se repite mientras no muere la sierpe.

                           20-junio-2016