miércoles, 8 de junio de 2016

Sed de verdad. ¡Cómo amedrentan los ecos
y se escabullen las sombras! Por el cuerpo caminan cegueras
advienen sobre reductos únicos de la piel
escolta del crepúsculo de la piedra que se pulveriza
del sexo que desfalca del lodo que se extingue.
Se inmolan
las lunas y las sábanas de las derrotas inevitables.

Todo porque una urgencia de náusea nos sigue
rutinariamente a la trinchera de cartón,
a este vientre de sueño, antesala furtiva
con epidemia de probetas y luz de presidio.
Por nervaduras de apática frivolidad, late, duda
la piel la potencia impactando con lentos ritmos
de raíces y cauces puros.

La pasividad del ámbito más pasivo que el de la ceniza
más pasivo que el desfiladero dormita, narcotizado, sobre el desagüe
del pulso invadido:
ya no hay otro ahora que este relámpago de estambres
que esta malla de borrascas que empuja
toda la locura sorda de la ventisca
hacia los subterráneos
ya no de egolatrías sí de oscuros ataúdes
de éxtasis frívolos y de quimeras ácidas,
de baldío estupor.

Y así un eclipse un solsticio te lanza
con desdén entre herrumbre insomne.
Es la nada, piensas: el letargo de tus manos
                                                     gangrenadas perfora
el vago espejismo del final:
el principio que nos aturde y ofusca.

                              8-junio-2016