jueves, 30 de junio de 2016

Pasean un sarcoma en las manos los niños y suelen lamerse
     entre un plancton de pésames y celofanes.

Hay metástasis de amor colgada por la miseria en los alambres
     de la muerte.

Los pobres acarician sus atuendos frontera tras frontera y
     respiran lentamente hasta que la piel comienza
     a cansar. Muchos gritan resignados sobre los primeros
     cadáveres.

Seré niño hasta el final y eclosionarán mis ojos
     al tocar tus ojos y eclosionará mi pecho cuando te penetre
     y te reclamaré la boca como si me ahogara.

Los croupiers aguardan a esos jugadores que piden una carta
     a la derrota y empeoran malas apuestas, apuran
     después, preparan una soga, creen seducir, están
     cavando su tumba. En estos instantes la vida es un corcel
     pavoroso.

Comienza a romper el día y los alcohólicos tristes se orinan
     en los pantalones. Un espejismo de oscuridad
     analgésica se diluye.

Relojes en una escalera desafiante imitan el manuscrito inexacto
     de la noche, su difícil caligrafía forense,
     sus rayas de coca y marcas de aguja, el tatuaje de los gusanos
     hundiéndose en la sombra de los hombres.

                                        30-junio-2016