viernes, 10 de junio de 2016

Los cazadores escucharon el aroma de unos cuchillos,
un rumor de metales en la tormenta blanca,
estela de una guerra que nos lacera los vientos.
Aceleraron los signos de otoños infinitos:
forma inhumana, turbulencias,
un arrobo de pólvora y un corazón homicida.

Descargaron la inquietud que no aplaza la sentencia
y ese séquito que firma para enloquecernos.

Precursores en la mañana.
Mudos que nos advierten
en la sinrazón y en la sordera.

En ocasiones, el éxtasis.

Alguna orilla cruje ahora una rosa dormida,
encadena cierto áspid:
se ejercita la esclavitud tan sádica
por orden del odio
en los moribundos todavía lúcidos,
en los yugos de antaño enrojeciendo.

                          10-junio-2016