martes, 3 de mayo de 2016

No inquietó la raíz a la palabra
del fuego reverdecido, del bosque y de la sombra.
No inquietó la raíz
porque, narcotizado el árbol,
revelada la muerte
por el paisaje de una luz caída en desgracia,
el vapor de la adormidera olvidó su madrugada aquí:
sobre esta azul montaña.

Por las laderas corrían
sangre y dolor,
vísperas,
geómetras oscuros
acuñando los apellidos que se extraviaron.
Mientras, la montaña impávida, usurpadora
de cuanta urdimbre bosqueja el sol en sus días.

Muy poco se escuchaban los silbos del frío
y un letargo creciente se arrastraba
hacia el inútil signo de la piedra.

No inquietó la raíz a la palabra
que el espíritu extirpa de la ceniza virgen.

                                3-mayo-2016