lunes, 30 de mayo de 2016

Memoria violenta que se retuerce, cuerpos de nimio detalle,
aunque, mejor que las engañosas raíces estériles,
una vida de hojarasca breve en el presente gris,
infecundo por la fractura, por el barro anómalo.
Nunca terminan de señalar un punto de partida, quizá deban
aguardar a que en secreto enciendas una hoguera
que ilumine tu hambruna crónica, que enajenes el ansia
contra tu crítico instinto de permanecer aquí pretérito,
entre inclementes verdades y fauces de bestias
que se entregan a brotes aturdidos, cada
seminal vida turbia es la inquina febril
de huir, de atacar contracorriente en los ríos del dolor
donde encalló el alivio tatuado en una piedra,
estancarse en cicatrices huecas con las íntimas
heridas como esclusa, la sed cuarteada como la tierra:
que cuando oscurecen los ojos y persisten siniestros
se hubiera demorado la sombra en su peor grito, inútil
como aquella vida turbia rumiando entre las putas.

                                  30-mayo-2016