viernes, 8 de abril de 2016

Jamás iré junto a los raíles vencidos,
junto al ahogado trasluz de los cielos,
junto al fanal de miel que exhalando se estría.
Nunca junto a la cama debilitada por la herrumbre,
junto a la promesa de amor que se adhiere en las uñas,
junto al salvaje derrotado entre rastrojos.
Sed precavidos en los sexos donde prohiben amapolas,
en los cuerpos bruscos donde una pirámide concluye,
en las felaciones dislocadas de alma y de jerarquía.
Tened cuidado cuando la salud de cabelleras se profana,
cuando el enigma se engalana de dulces pupilas,
cuando acechan los yugos máscaras incómodas.

Enhebra la luz su inhóspito ámbito de reflejos
lánguidos y el ansia de los amantes aumenta con las sombras.
¡Cómo no afligirse tras haber rozado
a los exangües metales del torrente!

Variables y vestigios en la piedra despojada
por el vórtice del día de ecos lejanos,
del furioso grito en su oculta fisura.

Aumenta la tiniebla mísera al acercarse al árbol
en vez de cobijo escenario del exterminio.

Manó desde la oscuridad sangre sobre el poniente.

                                  8-abril-2016