jueves, 7 de abril de 2016

Como un surco que abren las alas errantes de las abejas,
esta mañana, después del laurel y de los nidos,
volviste a respirar en las ingles geométricas de mi sangre.

Tu escote mantiene esa ligera fábula
que los altos bosques y las montañas fragantes
constriñen donde bulle la hora lejana
y donde la ostra colma de pedriza el cielo del paladar.

Sin embargo, no bastó con abrir los calendarios de la roca
para quebrar la llama que tornaba oscura la cítara en tus ojos.

¡Qué carga ésta de ebúrnea ansia todavía esteril
que como esquirlas enhebrando cicatrices
revolotea en los estribos de unos ojos devorados por el trueno!

¡Qué deshojado torrente éste que reúne las arterias plúmbeas
junto al cataclismo de una sed oblicua como la lujuria!

Durante años fuiste la hembra que hizo eyacular las raíces.
Jamás ningún tenaz veneno contaminará el laberinto.

                                     7-abril-2016