viernes, 18 de marzo de 2016

Aquella sería la primera voz que arrancaría estos lentos
éxtasis en el tumulto de un subterráneo, a horcajadas
en la tiniebla, devorando incesante los nervios,
imaginando mi vida elevarse en tensión por el grito.

Y la primera voz que me liberaría dentro
de la noche, reverberando cabelleras blancas y espantando
metales, y fluyendo -como un caudal-
y concentrando punto por punto el vértigo -como un suicida-.

Observa cómo ligo la inocencia impensada
con la llama de la boca y conduzco un sueño intolerable
a través de mi silencio último mientras allí se desploman.

Observa cómo me transfiguro sobre el gesto de la piedra,
y vomito en la expiación de los días con un hacha
hacia las raíces de aquel lugar y una soga barriendo el
                                                                     [rudimentario aire,

el tiempo agónico y auxiliar del espacio
ya entre estas cortezas
con tanto estilo ahora como mi indígena sexo

y la sutil herida dentro
tan obsesiva como cualquier otra herida
en cualquier extraño ansia, bajo la
                            [vehemente y glaciar sinrazón.

                         18-marzo-2016