jueves, 4 de febrero de 2016

Semejante al insomnio de los interiores perturbados,
la muerte se rinde entre dos orillas
bajo el puente del azar.

Advierte cómo se confunden de abismo de noche y eco
sus grietas hondas, que apagan
todo el absurdo de los insurgentes.

De súbito el tiempo cruza su agonía ingrávida,
mientras la hora turbia se ennegrece
como un equilibrio pobremente descrito.

Suceden delirios lentos y exangües inquietudes,
suceden amnesias que no vencen este silencio
a través de las nervaduras comunicantes.

Obtiene la nada entonces su umbral último
y, elevada en el desierto inacabado,
del principio al fin, enigma a enigma,

la luz seduce el exilio de la herida.

                       4-febrero-2016