jueves, 18 de febrero de 2016

Se devoran los hambrientos frustrados por el azar.
Nada merma el éxtasis de los estomagos vacíos.
Los niños vibran bajo la efímera sombra del iceberg.
Traiciona la noche las arterias definitivamente desnudas.
Hay un cristal para cada rincón donde rompen a llorar los disidentes.

Me extraña la normalidad de mis brazos
sin una jeringuilla colgando.
Ahora sé que es peor arrastrar el peligro de los besos.
Que no poseo una flor tan elástica como para soportar
la ventisca del veneno.
Que ante un espejo la obediencia se pierde
en el iris de los ojos que no hallan la respuesta.

Puedes preguntar de nuevo por qué
dejé escapar los pájaros.

Existen ventanas de las que yo tampoco
conozco sus secretos.

                                        18-febrero-2016