viernes, 29 de mayo de 2015

Siempre febril extrae espinas y ataca una
     concha inerte
en mitad de la aguas del día, estableciendo la acidez
     de la balanza.
Sucumbe a su exilio, se desata la silicosa asfixia, y se dispone
a plegar los muros. Sus perros se sorprenden con él
violando a quien grita. Un reptil lento que vela
una flor de duelo le anima que se anuncie a los precipicios para
     que
pueda despedazarse, ofrecer todos sus fragmentos
     a las mandíbulas de los insectos,
y deshidratar la piel tarda para invertirle el color a sus
     astillas.
Ríe como el que no mira nada o quizá realmente
no mira nada de lo viciado que se halla en este taciturno
                                                                    [ estancamiento que
     le ocluye
el siniestro mecanismo de la vida. ¿ Qué puede haber dentro
     si nadie
quiere conocer la concha inerte o averiguar cuál de sus dientes
rompe la fibra para desaherrojar lo que agrieta el árbol?
Una palabra tras otra, le taja el cuerpo a la tarde. Desea
     revolver,
buscar en los bolsillos aquello que angustia su mundo.
     Pero sólo está la piedra.
Su dura materia y su crítica distancia.

                                    29-mayo-2015

jueves, 28 de mayo de 2015

Aspiras a convertirte en andamio
de una edificación salvaje,
indisoluble del habla del ojo
y del paladar envanecido apenas
por las agujas de un reloj.

Tocas una muralla incorrupta
y una piedra cuyo hálito
complace un puro júbilo del silencio.
Tocas al azar transfigurado en una brisa
cuyo engaño sacude las colmenas.
Tocas el hilo en cuya sangre tu propio infinito
reconoce la red pánica que detuviste en el laberinto.
Tocas a la herida y las suturas definitivas
como la vorágine del preámbulo
donde por un instante sabrás que oliste el origen de la luz.

El abuelo llega de regar los campos.
Mamá cierra las ventanas ante el fresco de la noche.
Manos de benévolos astros
anuncian los primeros ruidos del sueño.
Debes bajar ya.
Tu enfermedad explora extraños espejismos.
Tu refugio se ovilla en la danza de los pájaros.

                                  28-mayo-2015
Me miraron las notas de un saxofón
como quien despierta de una larga pesadilla
y ya no supe otra cosa que decir.
Tutelaron mi hambre, mis obsesiones,
el arraigo de una inocencia más allá
de cualquier castigo. Cargué un rústico
olor silvestre durante años. Ajeno
a la caries de unos adornos malsanos
que habían embriagado mis palabras
y mis silencios. Así conseguí
el respeto del rayo y de la piedra
y pude pasear mi desnudez sin temor
a ser desconocido entre las voces de la luz.

                        28-mayo-2015
Anterior a que otra vez amarrase
el barco en la monotipia del agua
había una energía de gritos finísimos
como baile de mareas entre los astros.
Allí se abría el saludo a los mapas
para poder gorjear ante la caída de los días,
escuchar las aves batirse tras el verdor de las cúspides,
o anticipar expresivos líquenes sujetando entre sonrisas
las ansias de unánime aventura
que ofrecía la insular espuma a la espontánea irreflexión de los ojos.
Hasta que fue inminente una finitud insospechada:
tan sólo el ancla y las migajas de algún cuerpo,
tan sólo el designio de las esferas
encadenando unos tobillos dominados por el acero.

Hubo antepasados que pusieron en marcha algún que otro simulacro,
vestigios de que allí habían anidado relojes pedrestres,
picos que atizaron extraños epílogos en los muertos,
un sortilegio narrativo para los ausentes de saliva,
el equino pistoletazo con que embridar a las hembras.

Pero fue únicamente la impostura de un naufragio
quien dió memoria a la boca de las cenizas
y penetró inclemente los dientes descompuestos de las cabelleras.

                                         28-mayo-2015

miércoles, 27 de mayo de 2015

El mar embalsamado es olvido, y tan ocioso como los epitafios.
Las voces no son quien de llorar en él.
Se diluyen con sus fiebres indolentes, desesperadas
por el malestar y las metamorfosis del sueño.
La arena materna es linfa oculta, adelgazada y marchita.
El convicto que llena su sexo está hoy en mi andamiaje.
Como el clandestino insomnio, no tiene origen. Una armazón
                                                                        [ de póstuma impudicia
con múltiples plenilunios hilados por los remordimientos. El cuerpo
                                                                                                        [ es otro.
Jamás lo he liberado; no corona ningún diafragma.
Este tiempo se ha ido fatigando como el esperma de una prisión.

Ésta es la ansiedad que disfraza mi éxtasis: pereza y esclusas
diluviando sus levaduras tóxicas,
una estirpe de silencios. Mis obscuridades las tajan con puñales
mientras me muerden hoces y detritus.
Ésta es la clámide de la purga.
Estos delirios son áridos. Secos e hirientes como alucinaciones.
Los huesos son un muro turbio, desasistido.
¡ Qué injusto ser procesado por esta deriva!
Certero como un cáncer,
me ensordezco en esta virginidad lúgubre, vaso tras vaso.

El alcohol es un reloj. Lo envuelvo.
Me reúne hasta la catársis con él, destructor y devónico.
Aún exuda, no se harta.
Es fondo de los labios. Un plácido eclipse
que hace prolíficas mis neurosis, las equilibra para frenar
los lastimados regueros químicos que calibran este menguante
                                                                                              [ subsidio.
Cuánto debo a los locos:
la ética, las realidades invidentes, los estrábicos excrementos.
El convicto es una litografía de los locos.
Ha respirado el mito que enajena el vómito trashumante de la bondad.

Es un maniquí que los maremotos arrastran
después de que las lágrimas lo hayan copulado,
perimetrándolo como a una carroña o una sepultura,
un manojo de pubis o de cicatrices
para hacerlo nutriente en un abismo y masturbarle la desdicha,
o un hedor elemental: desidia de las moscas.
Ahora los fragmentos maduran infectados en la distonía.
Mas tarde elucubrarán
en ácido como enjambre de sabandijas.
Mas tarde el infierno poseerá un coliseo adolescente, laxo,
                                                                                  [ de otra edad.

Sobre uno de los tictac de los andenes, un noviembre orinado
guarece una nueva confidencia. El clima es carnívoro.
Ahora, para este mortal, la orina es un halo delicuescente.
Los alacranes de la lepra le han disfrazado la ciénaga,
y todavía conjuga bajo las túnicas,
heredando la máscara de los harapos.
Yo agravio entre estos vahos que narcotizan seminales suicidios.
Los enredos nómadas del almanaque son paja anciana. Herida
                                                                                 [ por culpa del vértigo.
Yo, con mi azar abstracto, soy el reo,
y estas cadenas humildes, plagiadas por los gérmenes,
                                                            [ la hégira que me arropa.

                             27-mayo-2015

martes, 26 de mayo de 2015

Todos ignoran la génesis de la existencia. Heladas líneas,
una náusea en un ángulo, oquedades arbitrarias,
una elíptica trazada por el silencio, clausura,
giros en las fuerzas. Hasta que vientos y barro
arrostran a símbolos libérrimos y fluye
una luz jamás punzada y de las abruptas radiaciones
se inicia un tiempo ruta de los vértices del mundo.
Portantes bifurcaciones. Una deriva de astros
habitando fiebres en el núcleo de distancias y antigüedades,
potencias embriagadas y estribos epidémicos
sobre instrumentos de sales, alisios.
En los océanos, entre una cruz y unas espinas,
una parábola de múltiples corrientes. El prodigio en la muralla
de un dilatado esfínter y sus sombras. Pero con la suave
pendiente, una verdad eyectó en los cimientos,
y unas cesuras, sobre los ejes,
alumbraron hacia los nervios, hacia el engranaje
cuya tensión no era la adecuada entre la multiplicidad
y el protocolo de las nuevas uniones rituales.

                                        26-mayo-2015

lunes, 25 de mayo de 2015

Los que respiran lentamente el silencio de los golpes
son invasores de caminos en combustión.
Sumergen agudas y filiales manos.
Degollan párpados filiales.
Únicamente pueden perseguir el viento que la sombra
                                              [ rompe de esa equivalencia.
Así cada muerte es una muerte en un túnel.

Igual pasa con los que suben ensangrentándose
de un frío anonimato hacia la estación de madurez.
Son símbolos del cauce del miedo.
Su peripecia, un fervor seco hacia las osamentas.
Su peripecia nos extermina como una canícula de lo impuro.
Nos ocultan en nuestro tránsito como en un túnel.

Bajo la impunidad la palabra se desgaja suspendida como en un sacrificio.
Aquí no existen ebrios éxtasis que despierten
para el destilado de las podredumbres o el destilado del terror,
pues aún más que el agua es el fuego quien habita esta dictadura.

Ella se hilvana continuamente
muy próxima a donde es devastadora la noche.
El insomnio es siempre una muestra de infelicidad.
Pero las sábanas de templanza de los sudores
y la menstruación de la pólvora son rumiantes escaleras.

La incógnita entre las espinas se ha preñado como una loca
para que nosotros debamos ansiar reventarnos
con nuestros arrobados latigazos entre las espinas.
No queda cloaca en ninguna parte
para pudrirse en la obscuridad como en un impersonal anudamiento
ni aunque el ano se maquille de estéril vulva.
La estéril vulva es siempre un légamo ilusorio,
siempre inclinado a una paciencia de rayos vehementes.
Se mojan de lleno las brasas en un mal sazonado precipicio.
El sexo de los túneles se embute una vieja mortaja.

Toda raíz que desee despertar y expandirse repudia túneles como éstos.
Todos los mártires añoran aniquilar túneles como éstos.

                                        25-mayo-2015

viernes, 22 de mayo de 2015

Vientre de hiedra y de tormenta,
vientre insular de los que sublevan la voz.
Residen junto a las hélices
con unas espinas difamantes, álgidas,
y pueden romper las pupilas como si refugiasen aire.

Expiación inútil de la cal y de la memoria,
cuando te derrotan las vísceras, con aridez,
y no reconoces ignorar la lascivia y el grito.

Se debela el barro en una vejez monótona
y el útero se agria. Los poros ya se desprenden,
rotos, contraídos, agrios, sin final;
nos entran alacranes semillas de la nada.
Les observamos incidir, mecánicamente.
Cuajamos una asfixia opaca,
un engranaje carente de tránsito,
los ecos que no admiten refractarse.
Y jamás sojuzgamos el núcleo,
tal vez en la urgencia de abdicar como hojas caídas.

No ardes por la razón que ya no es segunda parte,
ni por la que enturbia el tiempo, que es negra.
Lames la amígdala permeable de la iniquidad
y no huyes nunca más. Las ruinas,
las lenguas rencorosas desecan tus huellas.

                                  22-mayo-2015

jueves, 21 de mayo de 2015

Calima. Incendios. Devastación. Y, tras la devastación, más
                                                                                             [ calima.
Calima abisal, verbalizando ausente en la consciencia,
      [ enloqueciendo en los caminos densos y coagulados
como el aire en los pechos poliédricos. Entre la calima,
                                                                                    [ cenizas.
Y las negras tierras, incandescentes rescoldos de la suma de
                                                                                   [ sus resinas ebrias.
Fuego taxidérmico, calima del insomnio óxido. Los soles argamasa
una vez sí, otra no de un tesón una vez infinito, otra metastásico. Un
                                                                                                  [ esquema corrupto,
después, completamente aniquilado bajo el cáncer verbal. En los
                                                                                           [ vértices de los ríos,
las espinas nucleares desgarrando y transpirando por los ojos.
Los subterráneos golpean en las osamentas alentados por la
                                                         [ calima. Cualquier rayo fracturado allí
semeja una fiebre rumiante abierta por la calima.
                                                                               [ El polvo
lame dentro de sus vórtices masturbatorios entretanto
                              [ nosotros asentamos códigos para la asfixia.
Claves tenebrosas todavía de gesto antes de que
                                                             [ repleguemos el pánico.
La piedra ancla espacios cada vez que la sombra de
                                                                [ agua percute hasta erosionar
las ambigüedades de la raíz de sudor leve. Los enjambres
laxos y sórdidos en las galerías, bifurcadas como un
                                                                                    [ orificio de bala
ebullen, resplandecen ansiando grumos
bajo la calima que tropieza y se yergue, cada vez más letal.
Los enjambres enmarañan la muerte, los imanes, ebullen.
                                                                            [ Los escombros ciegos
son ya únicamente bulbos de hambre. Unos pocos
                                                            [ rumores. Los enjambres,
como crisálida en plena catarsis, se alborotan hasta la
                                                                                [ expugnación
tras cada hematoma adherente. Han eviscerado sus alas y
                                                                                      [ lo saben.
Caen en la paradoja devorando a su reina.

                                        21-mayo-2015

miércoles, 20 de mayo de 2015

Al renunciar, mientras la urraca se desorienta,
una excreción seminal se escinde, se escinde desde
                                 [ los esfínteres y las sombras cenitales
hasta la luz incorruptible. En principio
semeja un estertor de fósiles calcificando, desmintiendo su
                                                                                                 [ fuga.
Después, segundo a segundo, los cascotes de la náusea
al reverberar van expulsando su humus,
su rumor se escinde desnudando los vértices
                  [silentes que procuran unificar nervaduras.
Nervaduras telúricas, bajo sus profundas perspectivas, transtornando
                                                                                  [ piel adentro
como una colisión metódica de partículas.
Aciagas, son nervaduras aciagas.
Multiplican
un tenso disloque de la servidumbre ínclita
sobre el deseo que se prolonga en los rescoldos.
Se bifurcan hacia el interior del ser, sometiéndose en la
                                                                   [ forma última
de los escalofríos y las alucinosis: un dictado consentido
de marciales e imbricados mecanismos
irrigando como aullidos por la piel.
Nuestros puentes, nuestros raíles nada pueden
                                                            [ contra ellas.
Su tiempo las conduce a no saciarse en cualquier otro ámbito.
No debemos apartarlas ni esconderlas de nuestros engranajes.
Su voracidad insistente, sus mandíbulas
con su insólita fisura abisal
deniegan sudores en nuestro pudor cuando convulsionamos en la
                                                                                                         [ angustia
o nos ocluimos en la nada. De alguna manera abonando sordidez
o mirando transgresoras al zócalo de las vergüenzas
a mitad de un sumidero, una eyección del glande, el sexo
                                                                      [ intimidado disoluto
por la parábola de un orgasmo. En ocasiones, tras un desliz,
                                                                                       [ una crural
icónica
culpa vacilante
progresa astillando nuestro tuétano. Las nervaduras son
                                  [ las causantes de esta herida.
Durante la entrega, constriñéndonos o erosionándonos,
se surten, se enredan las unas a las otras,
se estrechan, se expanden las unas en las otras,
se memorizan por entero las unas a las otras.
Ellas son la sangre de esta irrealidad,
y nosotros, únicamente sus amarras,
copulando sus espejos y reflejando sus uniones.
Al resquebrajarse se laceran pausadamente en los quicios
                                                                                         [ del éter.
Ellas son los pliegues de la voz, el grito
en las mutilaciones de la llama, en los insomnios de la
                                                                             [ ceniza.
Por su causa, nuestros nutrientes perversos son boca de
                                                                       [ émbolos axiales.
Luego, lamen los harapos bostezando la ansiedad.
Su urdimbre es como un oblicuo pasadizo disonante escamándose
                                                                           [ en la simbiosis del cuerpo,
donde solo ellas consienten. Son

las nervaduras, la mística sinapsis de la existencia.

                                               20-mayo-2015/29-mayo-2016

martes, 19 de mayo de 2015

Aquí los sumisos al ser tocados se pulverizan 
                                                          [en los cráteres. En los puntos de
gravedad, turbios como la genética en un hiato,
todo es cúspide u hoyo. Aquí
debiera eyacular el menhir ligado al silencio
en la alienación de los labios diluviales.
Las consciencias, de la espesura de un clavo,
anuladas de cohesión y de habitat retráctil,
                                                          [ combustionan entre las ingles.

Los preludios de membranas y los lóbulos excitados por las náuseas,
                                                                                                        [ doblándose
sobre el pulido óvalo, adoptan una exigua y triste
forma bajo el légamo noctívago,
hurtando en las ojivas la espiral omitida.
El mástil cede su esqueleto.
En las concavidades átonas
las raíces le muestran el estigma al sobrio esperma.

Este es un lugar cruzado de un hielo de obscenidad.
Los neones genuflexos orinan sus fracturas mientras exclaman
soeces horarias o describen escoria hasta agotarse
y resaltar sobre una hoz de herrumbre hierática por la carroña.
Erosionando estos yugos de ácida
y glaciar torsión, las hemorragias
de heridas oníricas salpican sus zapatos con origen.

El vulnerado, abstemio himen de sordidez
contrae, hasta asfixiarlo, un precipicio, y lo devora desde su
                                                                            [ imperativo encierro,
entretanto los suicidas, dudan o amenazan,
guardando la ecuación de las uñas, expoliados en la monotonía
                                                                            [ políglota del miedo:
por mucho que maduren un principio amputado, no se dan cuenta
que, en este vacío tan violento y cotidiano,
las cadenas parpadearán contra su pánico y el himen se romperá.

                                                19-mayo-2015



lunes, 18 de mayo de 2015

Los cuerpos atardecen siempre discontinuos, y ahora depredamos desquiciados.
Contabiliza qué inaprehensible pare la verdad, qué efímera, qué aturdida.
Me nombro excitado por cancelar el tiempo, excoriándome solo, gélido
como la apnea sobre estas llamas supurantes, este frenesí, esta luz.
No obedezco intersticios; no precipito ninguna quemadura con hervores
                                                                     [ o fulguración de cualquier tipo.
He hecho mi reducto y mis páginas de sueño para las guillotinas,
mi trasiego para los ausentes, y mis malformaciones para las cloacas.

Mirad mi detritus, con el ser y la fatiga desangrados entre la cópula
                                                                                   [ y el diamante,
como un beso entre despeñaderos blindados que no penetran lo orgánico.
Rígido pánico, siempre contrae la policromía de la esfera.
Los ojos acucian una y otra vez, lijan los cartílagos,
igual que exilian las membranas revistiendo hacia el interior,
                                                                                    [ con su rutilante néctar,
las cánulas ramificadas, el diapasón idéntico a la cicatriz,
para que nada rehuya la urgencia de laxitud en la hendidura.

Mis malformaciones son una facultad crónica, que convulsiona
                                                                                      [ como la devastación.
Convulsiona los espacios sobre los que desgrana su corpúsculo,
                                                                                      [ descabalándolos.
Me opacan los límites con sus sinusoidales raíces, me estrían los meandros.
Ahora que me he advertido anulándome, estoy derrotado por repechos:
mi tránsito contradictorio, como una fascicular tarde;
mi grisalla y mi herrumbre trabándome desde la horma de esperma.
Sus dictados aturden mi laberinto como la modélica lengua de la víbora.

He justificado avivar los espejos, yo, cabellera de sepulcros,
obstinadamente entretejido a mi barrizal y mi enajenación.
Me han manuscrito las vértebras, hasta sublevarme las escaras
                                                                      [ obturadas de macerada tenuidad.
Tendido y carnal en las aristas de un sudario azogado, macilento,
oía cómo mis comarcas, mi hernia, mis pasadizos
se ahormaban hasta inmolarse de escamas, mientras la baba
                                                                     [ me acobardaba los pulmones.
Ahora soy monódico, jamás he sido tan árido.

Nunca quise relojes, solamente serpentear
con las placentas de los humos entregadas a mi glande, por entero infantil.
Nadie sabe hasta que tensión acerba el deseo:
obra un esguince tan oleoso que te inaugura, y sin tiznar cóncavas sales,
excepto una estribación con tu limo y algún ebrio arabesco.
Esto es lo que empenacha a las avispas; las puedo ver
desliando sus lechosidades, como si cauterizaran la libido.

Las manecillas, por ejemplo, son en exceso inmaculadas, me dislocan.
Incluso en su poliédrica expansión podía enumerar sus yugos, respirar
su promiscuidad a través de sus criptas hipotecadas, como un asfalto sin alas.
Su ultraje arenoso intoxica mis espinas, les espolea los flejes.
Son de lo más gregario: creen masticar, pero su envés diluye a escondidas,
calcificándome con sus firmes bisagras y su sintaxis,
un lácteo humus de larvarios pólipos eco de mis humores.

Nada me aletargaba antes, ahora ni la espadaña corona mi aire.
Los relojes obsesionan mi simetría y la piedra en que abrevo,
en la que la voluntad, potencialmente estéril, se enciende y apaga;
e incluso yo soy causalidad, un gozne de menstruación cobriza
entre el sexo de la pirámide y los sexos de los relojes.

                                            18-mayo-2015

viernes, 15 de mayo de 2015

Aromas de transparencia con forma sustentada en noche,
sabores vibrantes muy poco castigados para embestirlos,
a cualquier vertical que no conjuga el abismo
de la unión,

llantos agotados en cuevas milenarias,
la inconmovible textura de las criaturas del légamo,
la sequedad íntima,
aéreos límites de luz, caminos ilativos donde

rumorean los de pecho fulgurante y evasión fósil,
supongamos la piedra honda que concluye
un hermetismo al que ninguna otra cosa accedería,
a todos los absolutos y por todos los absolutos

arrasados o aniquilados de silencio,
puesto que a ese equilibrio extinto, cadáver
de los humos remotos y metálicos
donde casi nunca, en la arpillera lenta, se alargan las palabras,

puede suceder la ilusión del rayo,
la juventud siempre anhelante que entreabre los labios,
supongamos las fiebres que erosionan y se enceguecen
contra el tiempo y los ligados, inciertos espacios de vacío,

a lo irresoluble ( la inevitable cesura ), lo
someramente fronterizo, lo claramente inviolable,
de todo ello y para ello y porque no sea finito
la tierra crujirá y se abrirá plácidamente.

                                       15-mayo-2015

jueves, 14 de mayo de 2015

Todavía no pueden huir y ahogan su luz en el globular
     anzuelo de las profundidades,
seráficas aguas en cuyas crestas se ha torcido un alfabeto de
     esclavitud;
y en ocasiones gritan contra los arrecifes traspuestos y las gaviotas que
     se recortan en la fatiga de los espejismos,
cuando golpea el sudor monódico y limpia de ramas el tamborileo de los
     óxidos crepitante
en los ritmos de las monturas, donde los árboles alejan de inmediato su
     perturbado signo mineral
y trepa la glicerina de los diafragmas, el rosa pétreo de los saurios y
     el instante madriguera de los artefactos.
Otros, que no frotan ingravidez ninguna y en cuyas crestas se ha torcido
     un alfabeto de esclavitud;
otros, otros, humillan; humillan tras el biombo de arena.

Pero ellos respiran ahora como quien mueve las horas y los
     apócopes de las buganvillas,
y su olor es murciélago como si todavía en la sombra un depósito de
     ademanes lo flambease,
y es como una amnesia de inquietudes cuyas crestas enastadas son como una
     ventana de los corpiños;
que agranda la odisea porque su rescate adorna a los dragones como una
     loma tictaqueando que guiase luciérnagas en la terraza de un amor
donde la decoración se ha rescatado ante el cinismo de una guerra
     sin náufragos.
Así el de este sexo cuyo secreto es el de la transparencia sin salida,
de la transparencia sin origen, como la de un rostro insolado ante
     una mortaja
que no tiene adonde ir cuando las llaves quieren jugar
     en las mismas cuevas
y aquellas crestas insisten como el testimonio de una hendidura
     oval.

Mordisquean las cañas en el río los dedos del viento.
Están grasosos y sus nervaduras profetizan sobre el pellejo del légamo,
por lo que un halcón concluye que vigilan tras las estaciones
     enaltecidas.
Mordisquean las cañas hasta la cimbreante orilla del día de
     un espinazo aullador,
tras haber disparado contra los graznidos de espumas y las heces
     abstractas;
y el mapa aplaude y la nieve es virgen y fuerte sobre las plumas de
     cobre,
y los vientos rubios con sus lunas desnudas formulan amuletos en
     las cabañas de los chamanes.
Y no desvanecen conspiraciones en este escaparate de inmortalidad
donde los tiburones rodean como eclipses de la caligrafía.
Aunque ellos no ornamentan para sí sus estatuas, pues copulan
     bajo una brisa medio cuarteada
cuando la lepra es ideal como la resaca de las rastrilladas
     lenguas.

Otros, sin matices, se exanguinan para las carcomas borradas de
     acento;
y ahora, cuando los sicarios masturban sus armas
     salvavidas,
enmarcan sus ojos declinando en las mejillas de las losas de
     los cementerios.
Mientras se retiran los puentes disminuidos por el dominio de cuchillas de las
     travesías negras,
éstos entronizan su aproximación lascivamente, como si su cumbre fuese una
     marejada circular
y añoran ejercer junto a la piedra, mientras los meridianos hacen
     tamizar su brújula de mayoristas.

En su faltriquera tienen ya el doble fondo de los embalajes y los
     embustes.
Otros, cuyo algodón fue refrenado antes que intimidase cualquier argolla,
voltean a un camino cuyos nidos pronto esparcirán su veneno,
cuando ya sus muescas han entrado al hundimiento por la onda indisociable de un
     muelle ahorquillado.
Voltean a este camino que se puede narcotizar y poseer ambiguamente;
y son esclavos, esclavos por última vez, cuando sus gargantas
     escupen el último aliento de codicia.
Y nada cambia que este esclavo que ahora cuelga inerte
fuera quizás un semental de oro cuyos pavimentos erógenos eran como un
     almacén de las tempestades,
una semilla que solidificaba esperma para la raza y las manos
     de los esclavos.

                                               14-mayo-2015

miércoles, 13 de mayo de 2015

Te aliviaré de los todopoderosos, víctimas todavía obscuras del hastío,
cuya incertidumbre es el horror de los suicidios, descubierta en huellas de
     la impunidad,
que ningún cierzo se ofreció a perdonar en las truculentas torres del
     pirómano.
Códigos de culpabilidad vástagos, devorados por el engreído lastre de
     sus tintas;
horror de los suicidios, aduana en la indómita ruina de los
     ventrículos;
extraña y diáfana como unas garras en las arterias del egocéntrico,
donde cada cuchillo que enraiza define un desvelo fatal de amapolas.
Te aliviaré de este horror, que ensucia como una resaca despojada
     de la barroca fractura del vómito;
del que ejecuta  en los afeites de la mentira, como una multitud
     reventada entre los interrogantes,
o aquel que no posee manos ni pies; una indetectable oralidad previa a
     cascabeles,
inmune como un tugurio saqueado por un trémulo sexo.

Y de la impunidad, cuya naturaleza es la de un metal de podridos
     nutrientes;
la que inquietamos sin que la ceniza sirva otra brasa que el pobre
     destierro de las llamas;
aunque de alquimia más corrupta que la de una puta ultrajada
donde cualquier mala hierba y cualquier ley y cualquier decisión
está dispuesta a tajar y acuchillar el reflejo de la infancia.
De esta impunidad cuya escoria jamás se remueve en los abortos,
hasta que se escarba en cicatrices del silencio imperativo de las lápidas,
succionado su barro de la insidiosa carne de las rejas,
hasta vaciar su pedernal en el inaceptable sustantivo de los cartones;
hasta descamar su aliento en el fervor extraviado de la fe,
cuando el ansia rescata una expectativa de las metáforas mudas
y la ambulante cascada de los anhelos se cuartea con la
     manchada castración de los relojes.

Te aliviaré de este parásito que condiciona como un secuestro
de atalayas a la estéril altura de los calendarios de la metástasis,
cuando los caudales están laxos y los grifos se atolondran
     empobrecidos por la atómica obstinación de las moscas;
grabador en los plazos de la edad, entretanto la impunidad se acoraza para
     enmascarar las orillas violadas
o lo que asesina vestigios o hambres, infame como un cepo en
     los enchufes de los mendigos.
¿ Qué será de esta impunidad que mide con su adobe misceláneo los abrasivos
     del hombre,
radical, como una loba herida, sobre la placenta de la
     pérdida;
cuando las uñas gimen, amordazadas por el apaleado vacío de
     los años,
entre la ropa traductora de los desahucios; mientras la fidelidad de los acentos
     asedia como adicto laberinto de poder.

                                                    13-mayo-2015

martes, 12 de mayo de 2015

En estanterías implacables de terca rebelión, en espacios de misterio
                                                                                                                   [ que
     aniquila la esclavitud
emana prudente el código de desencanto.
Las entelequias políticas, los necios venenos
aprietan al gusano de barro entre promesas y ensueños.
Dentro, en el mapa de la voluntad y la admisión
( lápiz de ira, juguete de desasosiego, crisis de infarto y espejismo de
                                                                                                             [ ternura
     reciente )
se edifican metafísicas de neón para el avatar cojo, el teatro especulativo,
     el callejero branquial
que ralentizan el horario de la muerte, corrida de protestas,
                                                                   [ incoherentes e inútiles                                                                
     estandartes encadenados
al silencio del áspero verdugo, de la somática ceguera, de la dispersa
    milicia de desencanto.
Porque la cerradura y el desahucio
( el harapo terminal, el pudor arañado, la cartilaginosa lágrima
     y los desplazados reductos del odio )
alimentaron el ávido rellano del ansia,
el ansia del anhelo, el ansia de la boca,
la intolerable hambre del poder,
ilegítima sordera a la jaula del embrión,
a la vacante del apoyo nauseabundo
y al homicidio de la razón
( ramaje del brasero y la cañería, voz de lo falso y lo enjuto
     encrespador del oasis )
en la pelambre efímera de las diferencias...

Contrapeso inabarcable, la alquimia desfila alientos de cobre
donde el absurdo alza firmamentos indemnes
hasta que sus hijos se bifurcan en pistolas de frontera
y estériles faldas del aire,
no sabiendo simular vigilias sin cafeína vomitan en la derrotada
     adrenalina de los remordimientos plomizos,
en los paisajes disyuntivos de las infancias,
mientras etiquetas mullidas palian recuerdos que rajan de las fotografías
y la desvalijada conciencia es horda extinguida,
puro temblor del no mundo,
edulcorante e impostura.

Hasta que de pronto los frutos maduran y
una sobredosis de flujos embriaga las inercias del camino
donde la tragedia subsiste.
Y cuando la expiación de la realidad recrudece el método esquizoide en
                                                                                                   [ las adoquinadas
     vejigas,
cuando la contraorden se esconde a la pleitesía abstracta,
la psique se enuncia en los crucificados y la tragedia se atropella de
                                                                                                            [urracas
     y espinazos, de rapaces parias.
Ludópatas encriptados, escupideras rescatadas, húmedos muros,
                                                                                          [ descabezadas
     heces
crecen la inaudita flojera, cuando se saborea la tierra en la sazón
     de la nana funeraria.

                                               12-mayo-2015

lunes, 11 de mayo de 2015

En el vértigo de la imposibilidad germinal, a la sombra del relámpago
me desgarro para gritar un estertor lúcido, blanco como una verdad sistólica
que pretendiese un anterior temblor...
Nada es igual ya, excepto un abismo de sangre
formado ante la palabra, la advertencia
de una gravedad que agonizó en las cenizas crueles
como un pensamiento que cristalizó el deseo.
Jamás se logrará, no conduciré bellas incógnitas ni privadas
     realidades.
La cautela, huyendo de mí. Mis vísceras no las anudará la cólera,
soy la acícula de una estirpe y de los invernales exilios hacia donde
     partió,
y mi acero, que es el mismo que el de las prisiones, el esfínter
por donde las serpientes eyectan su extrema cautela,
es una esquirla, la huella que excluya rodeará la ira de la
     impostura.
A distintas horas copulé con una soga que era todas las sogas,
unos ojos se crisparon en mi orgía, tortura para la cloquea, y una
     abstracción,
procedente de la anatomía de la indiferencia, enloqueció varios cartílagos y
     alguien
tajó un silencio y lo entregó a un extravío oleoso
y unos hirvieron su cansancio lívido sobre una mentira
y otros aún calcificaron una tristeza y sus heces gemían
como el vértice de las brasas o el sol
que se apropia de los desiertos en los equinoccios lascivos,
y después, muchos aparecieron a mi ebriedad,
se ignoraron demencias vírgenes, llagas de lo invisible,
     llagas
que obedecían a los embustes, y el embuste en sí era un signo
     de no ser
que avanzó hasta donde otros pedernales aliviaban como los
     cuchillos
de procesionarias visitadas de una genital insolencia por la geometría
     insomne,
en una supuesta actividad, perseguida como este interior,
     como esta canícula,
que en mis espinas hace temblar inmanencias de clandestinidad.
Mucha transparencia es nociva para las tumbas, los coágulos de
     luz
habrían reflotado un hastío  que me vaciase la sustancia
     de los párpados,
jamás podría descansar y jamás podría abrir,
esas otras formas de lo incierto, y mientras la piel, ese
     alojamiento, se envolvía
en lo aprehendido y los brazos sangraban sobre la hierba,
mi soledad se calcinó en un error que no olerá el
     hombre,
y así concluyo que mi herrumbre es un necio espíritu,
     porque soy primera estación
pero no estación última.

                                   11-mayo-2015

viernes, 8 de mayo de 2015

Todos los crímenes que fascinan ocupan un caudal de rumores
si el largo de la navaja es el de la misma herida.
Hay ruidos cruzados por rápidos rieles
cloacas sin viento
     peatones de lo afluente.
Sobre las estancadas chimeneas de la ciudad
vuela el ulular del miedo.
La blinda una sentencia: Cuando es vistoso el plumaje de la muerte
                                              escriben las crónicas las mordazas del poder.
Se alejaron temprano del alumbrado los tiranos
y a los neones les barrieron horas en silencio.
El hambre y las lenguas se disimularon con tenazas.
No cuelgan nidos para los no adocenados
                                los calígrafos de dudas
                                             fonolitos de batallas.

El país te penetraba. Como yo penetro a la ciudad.
Con el afecto insomne de la raíz
y el orden anónimo del universo.
     La tierra es una boca con el deshielo palpable,
     la única bisagra sólida para los huérfanos.
Perdió la ciudad.
     A sabiendas del desarraigo
           el país le desconchó los muros.
Los pies eran una cadena revés del avance.
El hogar que no nutre a quien se consume
sólo desciende ya turbias cumbres.

No había vuelto a caminarte hasta la última prosapia.
          La ceguera indefinible me tentó rasante.
Abrasadora, tu aridez resquebraja todavía los mismos suelos
y sigues arrastrando las arenas de los espejos.
Tras cada sequía me arrollo a esta espiral
que serpentea la fuga con eficiencia de asfixia.
Son rigurosos los desaparecidos, los hilos son ancianos.
La herrumbre de la clandestinidad es una escama
donde subsiste la red de múltiples formas de lucha.
     ¿Hay alguna bisagra donde los metales
     sean el apoyo para la verdadera emoción?
La clandestinidad fotografía siempre la barbarie
como una dentellada puntúa los desfiladeros.
Yo delato un engaño que se retuerce en los cardenales.
El país, la ciudad, ambos
                                 se alimentan de las mismas espinas.

                             8-mayo-2015

jueves, 7 de mayo de 2015

                   EL ESCORZO DE LA LUZ ES EL METRÓNOMO DEL DÍA O
                   TU BOCA ES LA HORMIGONERA DE MIS PESADILLAS

La pesadilla de los días se mezcla en la boca
y después viene a desasosegar el insomnio,
ese depósito murmurado en los subterráneos,
anudado por una avidez secretísima,
y todavía en este idioma no es seguro que bajes del puente,
todavía deslumbras con tu incertidumbre de otra luz,
tus huesos sin abecedario incluso son taimados,
humedad despierta se aparece en tus lluvias,
sobre tu garganta adverbial la boca es la hormigonera
de una fábula aturdida. Aunque todo es sordidez,
lejos duermen crédulos que impacientan al fin las partituras
en la urgencia agria que nos envidió, el roce
es un cerrado anhelo de licor recóndito, un fruto
vislumbrado entre las nervaduras bajo cualquier reflejo.

Pero las voluntades se forjan en pianos improvisados,
pianos sin mansedumbre, porque las voluntades son
un plural bagaje inequívoco
donde los malditos anclan su moderno ronroneo,
y por eso no es seguro que bajes del puente
aunque la tormenta ataje sus caminos en tu sudor
y asistas esa identidad
de cauces tempranos que ha injertado este asombro
y los trenzados mimbres de los meses que volvieron del baile
                                                                                                    solos
y el semblante peregrino de la suerte para obtener un disfraz
                                                                                                de tus tejados
y seas la invitada oceánica de todas las estaciones.

Los acertijos de tu habitación siguen fermentando en los
     imanes,
este irse a pique sin edad.
Y por eso no es seguro que bajes del puente, todavía tus ojos
se transparentan desvencijando en la hiedra vergüenzas trepadoras,
y tu tacto alcanza todavía hasta el graznido intraducible de pájaros
     ociosos
y por ello no es seguro que delates tu analogía
a la tregua que repite mitades en el crisol formidable que
     dibujas,
no es seguro que tus cimientos preñados se otorguen
a la exactitud de la piedra, no es seguro
que tus líneas no accidenten otra mala conciencia donde la vanidad derive a
     desahucio,

y por eso no es seguro que revisites tu cuna y la muerte tambien
haya acudido a cada esquina que acecha mi razón como una
     amarilla mortaja.

                                           7-mayo-2015

miércoles, 6 de mayo de 2015

Perfil o mejor hilo de luz
que afilo en esta espera eres recuerdo,
magia de aquella ilusión.

El retrato de la tarde sin atractivo
contagia
el labio matriz, que amnésico calla
y no acepta.

Ilimitada la verdad acontece
en el labio impreciso.
Ningún cálculo se anticipa como un hecho necesario.

Último, el labio silente no desliza
la elegancia solar: el destino posible de la espiral y el ángulo,
en presente autorretrato íntimo.
Ocaso nítido. Sin aureola no eres.
Y el labio a tientas se desnuda y alcanza
solamente un no, y se entrega.

                  6-mayo-2015                    
Sobre el cuerpo
con anverso de alfabetos y destreza de infancia,
los espejos aplastados como una deformación de ácidos antiguos,
registrados míseramente
por el deseo de la cambiante historia
al gusto de los lujos en épocas de abundante ficción,
original sobre original conjugados por el delirio del verbo y la doble
                                                                                                            memoria
de manera que únicamente se recupere la escasez de interés para la espera,
encuentro que somos genealógicos,
no eslabones de peregrinas fuerzas enganchados en la trama
como pudiera pensarse de un embrión cómplice de nuestro
                                                                                                pigmento.
Presionando a una hebilla de morocho ademán
por todo lo que se ha bifurcado desde las primeras distracciones,
me peinaré un prohibido apellido de vértigo modelo
para poder imponer lo incubado,
y, como hacen el orden y la edad,
que en ocasiones enciman a su madre,
provisionaré la incógnita
¿ por qué se succiona más por ansiedad que por falta de ganas?
y aclararé que no me acelera el hipo
asomar del refugio a pezones, copas y cucharas,
y me detendré antes de alegrarme,
puesto que el que muerde primero el placer
olfatea luego mejor las narraciones lineales de la entrepierna.

                                     6-mayo-2015

martes, 5 de mayo de 2015

Aquí teneis mi lengua.
Mirad atentamente sus fotografías.
Que no os confunda el sabor a mar
ni el disolvente de sus tiempos lentos.

Hay nacarados témpanos en mi desmemoria,
furibundos idiomas estacionales,
arrugas íntimas de movimientos no resueltos.

Subid a este cansancio genuino
cómplice de una infancia impostada
y de la envergadura de las vocales de nadie.
¿Veis cómo cierran la boca las rocas?
¿Acaso creeis que existe una salida en esta cárcel?

Apenas le quedan unos centímetros a mis relojes.
Dejaré las llaves en una marca reconocible del camino
y retornaré con la naturalidad del eco
a esa crisálida, esa raíz de la luz,
donde las escaleras están húmedas todo el año.

                                    5-mayo-2015

     Al comienzo creí que un río
     había existido en mi sombra.
     Era una montaña, casi un monólogo,
     con señales de fértil metamorfosis,
y palmeras de ciudad de mar
enroscadas entre las calles

     como una hilera de caballos con gesto
     de excesos y un valle de barbas de oráculo
     escurridizo. Un día, la insolencia
     sacó unos cajones de un lamento
y exhibió ruidos con arrugas bestales. El producto:
                                                                 nuestro genuino
imaginario.

     Acercaos, hay que peregrinar.
     Tambien los exiliados menos libres se inspiran
     entre extraños túneles.
     Nada tiene de particular que plagiemos la familia,
y los eclipses y el oro y la edad feliz. Si las energías no parecen
ser suficientes,

     cogedme caleidoscopios y el sexo del cosmos,
     el minuto del grabador de madrugadas;
     la nostalgia escenario de tristes narraciones
     que la madera noble extiende al paladar de la narración hembra.
¿Qué es más placentero que el placer? La fantasía.
Los baluartes que hemos escondido,
     como estos baluartes melancólicos 
     y además ciegos que intentaban el color, mordían
     baúles en la nuca metálica de las constelaciones
     con el tacto recortado
de infinitos y puntos de partida, y huesos arquetípicos
o con acabados reconocibles.

     Ellos no permitían que su nervio les desarmara
     la pirámide que podrían brindar a quienes eran
     sumidero.

                              5-mayo-2015

lunes, 4 de mayo de 2015

Los exterminios, cuando nada hace atacar de nuevo las brasas
     tras el ultraje feroz contra un pueblo,
cuando todavía escupimos alguna sangre entre las bocas
     violentas de la tierra
y los revólveres de la indignidad disparan aún sobre cuerpos lampiños
     donde ya la podredumbre y los gusanos todo lo habitan;
los exterminios,
     entre esas ruinas y niños muertos, imperialistas los obuses y el
puño final del odio;
     esos exterminios sin engaño
que impregnan lo mismo que una máscara o la lealtad a la moral
     del poder:
anatomía de mutilados y descargas con promesas rematadas por
     algún machete,
con dentaduras de cuidades consumidas y arrebatos cincelados ante
     cualquier muro:
qué obscura semeja entonces pureza alguna.

                                     4-mayo-2015
Intenta expresar la incapacidad y enojar el letargo.

Que la palabra salve sus fatigas
y los labios compartan unas gotas de veneno.

Muchos obligan sus inseguridades
y extrañan amistad
y sosiego.
                 La razón se ha ausentado
y las urracas han partido.

La obediencia es un mal amante ahora, peor que un delirio,
y su fragua es la muchedumbre
-no la de la ofensa sino la de la fe,
la muchedumbre proyecto de las medias verdades
y de la ignominia, la muchedumbre que se aferra
a la falsa apariencia y el rapto del éxito.

Intenta expresar la incapacidad y enojar el letargo
y ahogar las piedras de la locura.

El camino tiene nuevas nervaduras que son nervadura
y sólo nervadura.
                               Ahora,
en esta plena embriaguez,
une la debilidad sus huellas de inocencia sobre la tierra
y el pedestal sufre de desengaño con su vacío,
se enmohecen en su caos los abismos
y lo que ansió titilar hilos y límite
es fracaso de Firaletas
en la copa de avinagrados y fétidos licores.

Observa como la soledad, nuestro aliado,
nuestro elemento cotidiano,
nuestro amigo profundo,
nos aclimata con su aliento
e igual que la luz
nos estimula nuevamente la sangre,
y enerva nuestro rubor de un nuevo afán.

                          4-mayo-2015