jueves, 30 de abril de 2015

Huiré. De las preocupaciones y de las sombras y de los malditos y de
    los orgullosos, huiré.
Sembraré ardides legítimos, nasales arietes, suelos de elegancia
     malabar, todavía no lo tengo claro, pero os juro que huiré.
Y tambien os juro no establecer alianza alguna, no hablar ni
     tentar a imbéciles e idiotas;
no ridiculizar embriagueces; no jugar con ensaladeras de ira ni forzar
     pataletas de ingenio:
asentaré una nueva dimensión de templanza, un nido regio.
Huiré, sí, al origen, no para ir con ínfulas de secuoya
     ni con nervios de contrachapado a prueba de leviatanes
pues jamás tuve turbinas ni tetraedros en la punta de los dedos con
     que manipular las puertas:
asentaré una fe de limpios goznes, abierta a la vastedad de agua y de viento.
Buscadme entre las vendimias que navegué y pisé en su esencia:
     aliento en racimos cuya referencia fue mi aroma; rojos terruños y
tardes donde practiqué hipógrifa cirugía.
Me hallareis en el polvo de las bodegas paseando mis pequeños trucos de
     bufón,
yo, que nunca fui quien de engordar un pitorreo con ética 
     alguna.
Buscadme en mis simbiosis, como al aguijón del cirujano,
     ditirámbico:
en el tímpano y carnaval de los milagros, en el espectro y
     en la taxidermia de los eunucos,
ahí donde los salvajes y las escamas de ternura contabilizan revestimientos
     nunca imaginados,
donde haya un trisquel de interés solar, una campiña abierta
     al hambre de narcóticos no adulterados;
en todas las tratas de burbujas seré probóscide, y pensarán: es un alma;
en las fanfarrias y los aquelarres haré elevarse los usos de los
     cuatro elementos;
en el ruido falso seré uniforme de campaña; en la sensatez 
     despaciosa, un sólido espectáculo.
Y cómo disfrutaré de la nebulosa del deseo, cuando una voluta impúdica
     devore vulva y velas de navegantes locos o playas desnudas
de pan y maestro.
Si tocais un címbalo de lágrimas tranquilas, sabreis de mí,
     licántropo en plena noche:
y si las lágrimas migran aterrorizadas, habrá tuétano mío en los
     vagones de la nostalgia.
Huiré, ...

                                            30-abril-2015

miércoles, 29 de abril de 2015

Hay en la catarsis esclusas
en las que la prematura plenitud
ahoga; paciencias que insinuan
la creciente rotundidad
de los destellos. Son como vórtices
que engullen el fervor,
y la entrega, lúcida,
conserva su mudez y el aliento,
elástico, embriaga
toda templanza.
                             Porque, en ocasiones,
la pirámide tambien recobra
su altura. Y jamás transita
en las horas, ni socorre
nuestra solicitud. Pero nos inspira
ante el perfil de esa pequeña llama
en que giramos los espejos.

                                 29-abril-2015
Vomitas por las facciones
de mis arenas. No escarbas, no revuelves
el peso que entra por las ventanas.
Eres como una fatiga,
un detritus, como las larvas
sobre el insomnio de mi carne.
Hieres como la fusta
en manos del torturado, sin un ápice
de control; como la metralla que, préstamo
de cualquier trayectoria, cartografía un origen.

Palabras callando en últimos gestos,
seguras de que un leve movimiento desencadenaría
su exterminio. Sexos cuyos apéndices
deslían obscuridades iguales al mismo
embozamiento que los aturde.

Te suspendes en el mineral prodigio
de mi dualidad, y es esa
insinuación, es esa solicitud que provocas
lo que nos guarece.

                                29-abril-2015
Hay puentes dormidos en la sangre.
Sobre el bárbaro destello
de sus formas un osado camino
quiebra y enreda. Por sus bordes
se arrastra febril
la herrumbre.
                         Son puentes que ignoraban
el otro lado, aun antes
de su oculta movilidad; cuando
el odio quiso despuntar,
donde, desde el dolor de la piedra,
pugnaron indescifrables fatigas, alientos,
sed y gravedad.
                           Son puentes
para exanguinar a la sombra
tanto silencio
como vida resta
                            el espacio
que ocupa la huella.

                                 29-abril-2015

martes, 28 de abril de 2015

Advertí que callaba una blanda espada
por el horizonte. Callaba como una forma de azul,
como un suspiro de mármol, como la sedosa
virtud que derrama una mirada al caer.

Así abandonado, de boca de las raíces y otras huídas,
tomaba una espiral del vaho de la tierra
contrayéndola en mi vientre. A través del infeliz
ritmo de la intimidad, la dolorida pisada
de un misterio restablecía las letras del anhelo.

Advertí que el horizonte, con pereza de cabellera,
lloraba en mis encías deseando usar mis espejos,
como si un barro violento le obligase
a reptar por encima de mí.
                                                Yo subrayaba su mirada,
su dulzón viento oscuro, su grupa de ignominia,
sus sombras crueles, las altas basuras
de sus anclajes, todo su velamen ceniciento y tenebroso.
Yo absorbía su luto de venganza y pólvora
y mi ebriedad vomitaba en su mortaja.

Muerte contra muerte, horizonte contra horizonte,
notaba por mi saliva latir el grito soberbio
de sus crímenes, iba salpicando gota a gota
la metralla de tanta lividez, rompía
en su rabia metales de su pared de estirpe.

Todo es llanura y verdad cuando el hartazgo nos preside.
Advertí que, extraviado, se oía un color
que pesaba el trazo de un óbito. De filo
a filo de la ceguera, había cientos de sospechas
por donde trabado el plomo vacilaba.

Yo cruzaba las aguas con mis pies frágiles
y oponía mi voluntad a la voluntad del horizonte
y él en mí se aligeraba con una porosa levedad.

                                     28-abril-2015

lunes, 27 de abril de 2015

Quien silenció la ansiedad de estos labios
empuñaba mejor la urgencia.
                                                     La abolición del éxtasis
concreta y excita la espiral de la noche:
materializar el estrépito y su inerme semilla.
El lapidario parpadeo al insomnio de la urbe,
el nigromante, la caligrafía de Alonso de Ercilla
ignorando la teoría y el tacto de la mirada.
De otra estampa el ácido lisérgico
sin la seguridad de la jaula
pero mejor mecánica; el péndulo del color,
la musculada pupila de las conjunciones extrávicas,
la débil hechura de la vulva irregular,
que se abren para ti.
                                    El trapecio fugitivo,
las brasas y la cal y la desidia
jamás retrasarán tu soga
y se abren para ti.
                                Tu veneno golpea
no en la expiación, pero sí por su grasa interina,
y así resbalas fauces que sin tú proponerlas
caen ante ti; no su infinito
que retrasa tu forma.
                                      Tambien en tus talones
espera la cinematografía de la saliva.

                                   27-abril-2015
Bajo qué oído duerme el insecto el labio que vuela...

Hacia un contorno de barro convoca el viento
los dedos tibios, las voces subterráneas,
el vilo en la espesura y el silencio.

En las irisaciones fluye tímidamente
un contratiempo mudo. Casi sugiere
el viaje la música en las cumbres.
Es metálico el deseo que crece en las aristas.

Antes había gorriones que hacían imborrable
el estampido tras el disparo
de los órdenes comprimidos en la expresión del día.

Hoy apenas queda una tersura verde,
una críptica peste, el pretencioso léxico
de líquenes y sus amarillos superpuestos.

El magma rutila el desnudo, elude
la saciedad de odio, figura en las
                                               vicisitudes,
en la biografía mal editada del amor.

Hubo una realidad que asesinó el hombre.

                               27-abril-2015
Yo cargo una memoria niña y calcárea,
atirantada en su paladar y en su humo más inocente
y con unas madrugadas que la visten de estrías.

Sus bondades os irritan, os cubren de púas,
se os aparecen en abanico, en una esterilidad indeclinable,
enajenan vuestra ronquera, os ajetrean el equipaje.

No se deben desenmascarar los minutos
que podrían ahogaros y volveros prisioneros,
tan proclive es el azar a los zigzagueos.

Sobre las coronas acartonadas las espinas que se hinchan
terminan por perdonar fracasos a mitad de camino
y avanzamos para pisar otra pendiente,
y nos descubrimos sin miedo, foscos los pies,
aromando el ahora de la herida que nos piensa.

                                   27-abril-2015

viernes, 24 de abril de 2015

Dominio o ejecutoria, bullente prodigio que propugno con silencio,
palabra a palabra, otro.
Cosecha u ofrenda que se escuda tras las ergástulas,
eco que me escolta con el látigo,
mercenaria utilidad que no conjuro cuando ceden las cariátides
o cuando acudo con la voz del incendio
y la pleitesía corrobora hilar como quien excluye yerto
                                                                               todo veneno,
que nada hierve sino está dispuesto que hierva,
que nadie arbitra ser puta o princesa.
Equilibrista mecánica que graba las piedras premonitorias
y restituye la paciencia del beso a los impúdicos,
ejecutoria galante de la máscara y el mito,
ejecutoria cruel para los mea culpa,
corrupta ejecutoria sin ayer y sin mañana,
ígneo cuerno de las demagogias del artificio,
eco que hurto sin restituir ningún puente,
eco que se interpone en las arterias para mostrarme que
                                                     ya no soporto el pulso de la ceniza,
que esta llama se disloca.
Ejecutoria de óptica rupestre, caverna de ciego,
profunda fragmentación del orden para extraernos a la luz.

                                   24-abril-2015

jueves, 23 de abril de 2015

Desnudo y salvaje, duramente ignorado por
                                                             vuestras agónicas miradas,
injerto mi sombra en la memoria de la embriaguez, en la raíz
                                              núbil de los cabellos y de la cintura:
aquí teneis, en esta atmósfera extrema, el límite innúmero
                              de un reflejo que es vuestra ciega compañía;
estais en los desórdenes y yo os vigilo para cerciorar que
     respirais y decir el sonido de las cuevas arrollado en vuestra lengua.
Tan sólo distingo vuestra saliva negligente, ese ansia postizo que
                                                                      me acobarda y me avergüenza;
sois el caparazón vacío que me enerva la sangre,
                           el veneno obsceno, la espina que me atraviesa,
en vuestra hedionda catarsis navegais una minúscula cloaca:
vuestras ojeras de axial colapso se agrietan para verter
                                                     el crimen viscoso de la falsedad
y yo me retuerzo con vuestro cataclismo mientras vuestros mordiscos arrancan
                                                     una marea de lascivia y de metales;
de vosotros me amputo, de la embustera pared de vuestro egoísmo
                                                                              que hoy me taja
y que desaloja de mi extinción toda la mentira contraída
                                   y la ahonda y la cubre de tierra;
esto es el extravío: temor a escuchar y a que os alimenten.

                                                 23-abril-2015

miércoles, 22 de abril de 2015

Mi silencio ilustra la vergüenza de la duda libre y proclamada
                                                                                                   sutilmente,
un retraimiento gris, como si un pantalón zurcido le
                                  hubiera gritado la palabra y el acento.
Mi silencio puede asumir un golpe con la lentitud y la hondura
                                                                  de la luz original.
Mi silencio le ha anudado a su verdad el estallido y
                                                                           la aniquilación,
ha eyectado y absorbido, mi silencio ha asomado siempre como
                                                                                                un equilibrista,
palpando el ápice delgado de la malla, escuchando su
                                                                                       pecho reventado,
en el vilo del aire o el éter, en la erección del
                                                                  rayo o de la llama.
Continuamente mi silencio ha sido estricto y expectante,
con la perspectiva de quien gobierna el orden de su pasión
y con la perspectiva de quien se impone simultáneo,
mi silencio hierve en los ángulos, inunda laberintos,
mi grave silencio me ofrece con su síntesis
                                          el perdón enorme de su perfil
y me redime de las mismas inferencias que doblaron sus hojas,
infiltrándome las espinas,
como quien cruza descalzo sobre las brasas y no se apresura.
Mi silencio, el noble adicto, cruzándome a la
                                                             narcosis y a la alquimia,
el primariamente humano, el despojado de toda arista que
                                                                       no tenga su nombre.
Mi grave silencio es serio y seco con los días,
                                                              agrio como un error,
pero mejor verdugo, como quien vive rendido
                                                     a restablecer su memoria de agresiones.
Mi silencio responde una oculta cima a quienes le preguntan,
y ahí es cenital y alado y mejor orilla.
Mi silencio duerme poco.

                                                22-abril-2015

martes, 21 de abril de 2015

En la angustia no se reniega del abismo; casi siempre
     una misma señal para castigar de toda luz a los párpados.
Se retorna sobre crueles huellas de sudario, huellas antiguas,
y se apartan lenguas comunes como los claros murmullos
                                                   o la confianza en un paisaje
o el tierno umbral de un espejo bajo la sombra de la memoria
y se rehusa de los acentos de placer y del fuego de las honduras
                                                                                de la carne;
la hostilidad más habitual es el desdén mellado
que se viste violando las cenizas de la inocencia
y nos agrede con frío e infortunio:
así se fulmina el peso de la soledad,
sin últimos relojes, con gélido oprobio, difamando la
                                                             lucidez valiente:
los pezones adustos del insomnio, su sexo lento,
los islotes de éxtasis del zahorí, las arras de las horas,
la caricia de la cópula que renueva la estival garganta de todo
                                                                             detritus sumiso,
los aluviones de magma y fulgor con su dignidad de eclipse;
la pubertad del semen, las condiciones en que le da
                                                          elasticidad a la unión,
las dunas de los truenos, su intensa preñez,
la nacarada y abstracta humedad de la vulva del manantial
y el torax de las clámides y el taracear de la sed y el vértice
                                                                                    de los nombres
      que perviven donde nada es inmediato.

                                         21-abril-2015
Fue aquella una iniciación enajenada, con el grimorio de la sangre huésped,
umbral de mapa indescifrable, umbral de ruta genuino en el recinto
                                                                        de todos los que aguardan.
Él deliraba
y la fiebre era combustible en aquellas galerías de un inmigrante
                                                                        insomnio desesperado.
Se asía salobre, aunque combatió demasiadas colmenas arcanos,
                                                                        para cargar así,
una herencia tabular que destilaba memoria,
una insoluble herencia que ante los abismos, sitiado, le hurgaba
                                                                        puertas siniestras.
Comprendió entonces que se había hecho indiferente el rescate,
que encerraba únicamente nervaduras de un crimen común,
hilachas para poder acarrear ese tránsito de oscuridad,
despiezar la dulzona embriaguez de su lengua: el aislamiento era el voraz
                                                                       verbo de la cantera.
Era la iniciación de lo incorporable y del ceñido nudo ambivalente.
Era el maldito, el monstruo, el verdugo.
En aquellas grietas de buenas preguntas y malas respuestas,
él estallaba la raigambre como contagio de otros brebajes
y siempre oficiaba de masturbador y de innoble
y una fósil espuma le multiplicaba la erosión y le invadía
                                                                                            el aliento:
era la sordidez del porvenir, el tridente de la asfixia, era la fisura
                                                por la que jamás habría transparencia,
y, la volátil borra de husmear letargo,
arbitrándole un baldío saqueo, empapado en laberintos
                                 anónimos para los guijarros de error umbilical.
En aquellos sumideros ( ascenso de todo lo que aturde y
                                             aniquila el alarido de los muros ),
en aquellos sumideros sin filamentos, en aquellos sumideros sin
                                                                            intimidad para el roce,
en aquella resonancia entonces de boquetes y gangrena,
él encubría lo expiatorio y obedecía a estaturas origen del instinto,
a humaredas, a cristales serenos y a la pupila y el sueño.
En aquellas grietas él atrapaba parentescos sin una delación
                                                                       que pervirtiera la piedad
lo sin estirpe, lo oculto, lo desencantado,
y él torcía anatomías por conspirar para las manos;
en esas grietas sirvió al azar por malicia, un
                                                                    azar pudoroso y espectral.
Entonces la existencia tatuaba alianzas y él era residencia de
      sus llagas sin alma, esa náufraga señal de máscaras y de estigma:
era aquel un revés para la sed y todavía no inventariaba las
                                                                    monedas de su avaricia:
él colisionaba los días atrapado por un bestiario de bostezos,
      narcotizado por las vísceras él invertía su violencia,
persistiendo como se consuman los espasmos, contráctiles,
                                                                      en su trance menos elaborado:
se hallaba tan deshabitado que ningún ala tocaría su fondo,
que jamás lo vencería la náusea para una mínima
                                                                     semilla del destino
o para la sombra de la impostura.
En aquellas grietas él vulneraba la añoranza y esto lo detenía de
                                                                      cualquier venganza,
en aquellas grietas de hedores insensatos y pasiones impotentes
él poseía la lluvia de oro en su totalidad,
pero la ley, el follaje alucinatorio,
mermó su mirada en el subterráneo para la sierpe.
En aquella iniciación él poseía gargantas coléricas, colmados
                                                                                                   extravíos
eran grietas de ira y él acentuaba la hostilidad en
                                                                     los espejos.
En aquellas grietas él se cubría de ecuaciones
e incendiaba con sudor su clandestinidad: nada debía indultar la vehemencia,
nada debía indultar una pieza precaria que traducirían las ingles
                                                                                           en una pausa.
Tras aquellos sumideros sin caracoles amándose lentamente,
él atacó el abrevadero de esas caderas y eso aún hoy
                                                                                   inicia sus péndulos.
En aquellas grietas la muerte dormía bajo el paréntesis de los
                                               ánades y el resto era sima de infinito,
impugnado infinito, y él palpaba las aristas embrionarias,
                                                     con el miedo roturado, todavía anárquico,
vinculando razón y ternura.

                                                   21-abril-2015
                                                                             

viernes, 17 de abril de 2015

No digas el dolor: mal entiendes que sería humillarte.
Tenlo adherido como a un parásito, para que regurgite la monotonía
de los metales que escarnian una carne destrozada.
No lo liberes. Abraza tu canalla suicidio con la incógnita:
festeja sin control las brasas de tu densidad y así demostrarás
                                                     que esa cerradura ya fue abierta;
sí, tu densidad, esa parte gangrenada, ausente de visagras, negra,
                                                                                                       epidémica.
No, no digas el dolor; reúnelo junto a los naufragios,
siémbralo con extravagancia, u ocúltalo
y tan sólo galopa en tus bestias hasta hallar tu
                                                                     odorífero cobijo,
la dura celda de tu mortaja.

                                                  17-abril-2015
He ahuyentado el más negro enjambre:
la soledad es el caudal para cambiar el nombre incorrecto de la travesía;
el camino acompaña la soledad, que incita a seguir:
esta tierra señala al dolor que destierro,
todo se nutre con la huída,
esta voz es la voz lenta
y será en la lejanía la lenta voz nómada;
en ciertos momentos estoy totalmente indefenso, y ya no me importa
                                                  quien arroja espinas ante mis pies desnudos;
el hundimiento es viscoso y no puedo apartar las piedras
                                                                                    de los ojos;
retiro cuanto puedo:
este rayo que se encona con mi pecho, que siempre
                                                  ha herido las estancias de mi sangre,
retiro que el grito entraña dificultad,
retiro mis raíces y mis brocales, que la pureza nos fortalece
                                                  y en nada apreciamos,
y retiro que en otro tránsito habita mejor luz, que libero,
                                                  y que hierática contrae los relojes.

                                         17-abril-2015

jueves, 16 de abril de 2015

Me oculté, porque también se revela la verdad, en sumideros fecales.
He purgado pasiones, la expresión de los pordioseros en la basura,
indescriptibles violencias y fauces deshechas,
y la larvaria repugnancia de las aberraciones
de la oscuridad en el ano de los subterráneos;
                                                    incluso intimé
con la probada eficacia del veneno de las secrecciones
                                                    de ciertas plantas;
orina, heces, el flujo íntimo de las
                                                    viejas prostitutas
me narcotizaron, además
amputé varios retornos y cegué el sueño que hay que ejecutar con
                                                   un buen ácido.
Penetré con sucias uñas a los locos en la cadena del matadero. Si
                                                   conseguía verificar
el daño, mi semen era una rasante alucinación y reemplazaba
la asfixia de mis atrocidades.
Di dentelladas a toda anestesia y ejercité
mis neurosis en su mórbida alquimia;
el vicio se enervaba, aprovechando
en cismáticas fiebres un absurdo que me volvía frenético.
Casi nunca mostraba estúpidas aflicciones, no me
indignaba de brutalidades ni crímenes, incluso
las víctimas seguían excitando mi verdad y
                                                         ninguna causa
de cruda venganza me hizo
desalentar de aquel vórtice que yo mismo alimenté.

                        16-marzo-2015/21-julio-2016

miércoles, 15 de abril de 2015

¿Quién destruye a los misterios por los caminos de hiel,
reclama al sexo de las espinas, que busca sus confines
                                                                                 sobre la curva
epifanía del cuerpo, que concluye los ríos del límite
                                                                                 de hambrunas
en la herrumbre espectral de asesinados y huérfanos,
donde fabulan las alquimias y reposan la máscara de los zapatos
para sus espasmos y el velo polvoriento
de padres olvidados que transportan a la pubertad de la penitencia,
para descubrir al eco en un letargo picoteado por la luz?

¿Quién destruye a los misterios por los caminos de hiel
esa singladura en que ninguna yugular se revela a su deseo
y ninguno de los revolucionarios flirtea con la pelvis
                                                                orgiástica del grial,
donde el arraigo del magnético vuelo se ciega ante
                                                                los diamantes,
que afilan ese odio en un ritual que ya no es
                                                                de nuestro tamaño?
No bruñe ya líquenes para su extravío
ni para el extravío de los eclipses y de los metales.
Su erosión los atrapará una oquedad
con las hebras de la matriz.

¿Quién destruye a los misterios por los caminos de hiel
que albergan a esta lava rezagada, cuando la
                                                                zancada incierta
con la ceniza invoca al frío entre huellas y transparencias,
por los nudos lentos y blancos... y paisajes
                                                                      más tarde
los peligros se agazapan por los árboles con sus clavijas
y mantienen el terco botín con sus armas
que doblegan a los espíritus y hacen que las apócrifas
                                                   cábalas de hombres y mujeres,
emulen raros bosquejos contra la locura...?

¿Quién destruye a los misterios por los caminos de hiel
cuando el olor de las piedras se desliza por las raíces
y los insectos crecen desesperadamente bajo el músculo magnético
                                                                          del ansia que se arraiga,
cuyo trastorno se eyecta adictivo sobre el abandono con hirientes
                                                                                                                  gritos,
donde los dólmenes del cíclope trascienden su cinética incólume
y las binarias convulsiones en su fondo
y súbitas tras la vanguardia geológica de las aguas
                                                                              rigen los astros,
como un caníbal del núcleo,
para ungir su amanuense equilibrio?

¿Quién destruye a los misterios por los caminos de hiel,
a la añoranza que huye del asedio, los ligamentos del sueño,
la unidad y la coreografía de los soles sedientos,
que fragmentan el rayo entre las vulvas
y la flora cenital de la elipse,
que excita a la calima con las partículas de la abstinencia,
que conduce su poder con salivas clandestinas,
con hipotermia de odios y hemiplegias que son coraza de las
                                                                                       hélices,
en la incisa consumación de la nada, cuando la gruta
                                                                                         del olvido
inicia su impronta en rescoldos e inventarios, en casas y
                                                            pueblos apenas esbozados?

                            5 enero/15 abril-2015

martes, 14 de abril de 2015

En mi trangresión era un desierto, un rapsoda de arena
     del cuerpo del silencio y bebía por los labios
de la llaga y creía que jamás desaparecería
     bajo ninguna norma y jamás
me espantaría una herencia tras los hilos de trampas
                                                                                       que ya
     hundían hasta las rodillas a los interrogantes de la cólera profética.

Me hallaba inspirado por extravagantes quimeras, raptos y
                                                                                              sangre tribal,
     y el eco de la urraca guardaba mis nombres
y giraba estandartes puros en mis maléficas raíces
                                                                                     nómadas.
     Embestía con el antagonismo
de aquellos coitos que se movían sin ritmo por el
                                                                                    camino
     con pústulas esclavas y desterradas, emancipando úteros
y condicionando algún gemido con dentelladas de lobo y de
                                                                                                       vacío.
     Embestía con los anhelos que trataban
de distraer a una feminidad confusa,
     y con el nervio que intuía en las órbitas
degolladas tras la metamorfosis
     como pobres espectros de cabelleras, légamo de ancestros
                                                                                                     suicidados
que aspiraron a vida fértil y brío alfabético,
     a umbral de luz y ungir los cinco sentidos
en océanos de lecho cósmico.
     Embestía contra las brasas, cuya mecánica pura
no paralizaba a las hoces, cuyo recelo se fundía
                                           con los camuflajes de la muerte...
     las mismas herrumbres, los mismos abismos, el mismo
                                                                porte de placeres inseguros...

En mi trangresión me jactaba cuando orinaba la noche
     con su augurio templado y los ciegos
conjugaban a poniente su balbuceo, cuando los cadáveres
                                                                           devoraban voluntariosos
     en sus trajes detenidos y mutilados de urgencia
y regresaban a enredarse en el frío
     que vulneraba anular su gesto animal.
Veía alienarse a los viejos islotes y oía trepanar
     los pezones de la anarquía en el turbio itinerario de la caverna,
causa de que mis párpados se desprendieran en ocasiones cuando se
                                                                                                          adherían
     contra aquel torax invicto a los tendones del vértigo.

                                        14-abril-2015

lunes, 13 de abril de 2015

En la memoria está mi ceniza, despierta
     como la herida,
ligera y transitoria como esa sombra
     que me viste.

Por un lado hay una selva
     joven, con labios de ébano
y cultivados tambores
     que unen en mi garganta los vientos.

Por otro lado hay una escombrera,
     hemorrágica e infame,
el origen oculta
     de sus capturas
las líneas de mi fugacidad.

                       13-abril-2015
La metáfora deshabita lo anómalo.
     Defiende hermosa un fraude
y conciencia a los obsesivos.
     En las ficciones cardíacas
se pervierte su moral acuosa
     que los psicoterapeutas han codificado.
Las medicinas señalizan caligrafías de lucidez
     en mis arrugas.

En el silencio del amor
     hay una llave
como herrumbre de mis nervios,
     hasta que una mecánica veloz
me estimula la adorable irrealidad.

                         13-abril-2015

De correcciones disuelve el ritmo, con siniestros condimentos.
El degüello inspirador le describe: salobre torrente del siglo.
Cualificando a los dóciles y con las vísceras avinagradas,
actúa en mi ocaso y me cubre de soberbia.

La distancia de la narcosis esclaviza en la lengua
y en la nada me repite sus cenizas.
Mis horas y mis días son fósil estación.
El abismo de relámpago me chorrea en la mirada.

Aquí en el insomnio, los hemistiquios,
de omisión hacia el extravío, son sólo variable.
Tribus, camellos, sirleros, rapsodas,
fallecidos seductores amarillos de la discordia.

El árbol no es eterno ni tú eres estación o desembocadura.
El futuro es herencia de la equidistante polifonía.
Respondes la unión, profieres tu instinto cadencioso
y aúllas por un catálogo que nadie renueva.

Lo que las obras en el cuerpo angostan,
el veneno me ha esbozado.
Del yo murmura el vasto espacio que mejor amputa
y me retuerzo de escombros, febril y cadavérico.

Mis lágrimas gatean y las cadenas libran
los cultivos de sangre contra el fangoso viento.
La paciencia cruza tendida los pelos de los sobacos.
Lo que ensordece oscila por tus huesos como testigo de irrectitud.

                                        10/13-abril-2015

viernes, 10 de abril de 2015

Adoquinar la síntesis de tu mitología con la duda
y correr la contradicción de tu castigo en el asombro,
decir la utilidad de las huellas y la intransigencia de la
     verdad.

Tiende a mí y socializa la lírica de la carne
y la república de tus palabras antiguas,
el instante de una cicatriz soluble,
y la actitud de una gramática sin delicadezas
que se declara en el hambre de tu futuro
o en la metamorfosis de esos ojos definitivos.

Pregono la sospecha y alimento la piedra,
incito malas hierbas y alimento fiebres,
desnudo el hielo de labios y la maleta de
     alcoholes
en tus titubeos
y la azul industria de la lluvia me paraliza
ante su juramento de párrafos nodulares.
Criminólogo y criminal,
en instrucción huérfano termino de adoquinar el camino.
 
                                 10-marzo-2015

jueves, 9 de abril de 2015

Intemperie de los fragmentos vacíos, te enerva
la antigüedad de las cataratas,
intemperie de los fragmentos vacíos, te enerva
un confín tétrico del sueño,
una fiebre es mi sangre,
una inmóvil espiral de abismos de los fragmentos vacíos,
a ti te arman avariciosos jamases del rubio lago,
cuando las rocas aúllan
y los incendios vomitan alabastro.

Intemperie de los fragmentos vacíos, te enerva
la antigüedad de las cataratas,
intemperie de los fragmentos vacíos, te enerva
un confín tétrico del sueño,
exhalaré, otro siglo
me codiciarán las sombras y el poder lastre de tus nombres...
a ti te arman avariciosos jamases del rubio lago,
cuando las rocas aúllan
y los incendios vomitan alabastro.

                                    9-abril-2015
Escucho los cuervos bajo las mortajas multíparas,
hay epitafios que se retuercen ante mis náuseas,
como si no me hubiera alejado de la almohada terrorífica,
de las traiciones de esa nacarada órbita de la perla,
abstracto, con los despoblados hogares
de mi esperma menguante y pútrido,
que pregunta por la estirpe nómada de mi tierra.

Escucho los cuervos bajo las mortajas multíparas,
enloquece el pus, cosechado por tu grial, esquizoide,
que, con raras hilachas entre las descuartizadas verdades,
se deja vencer por el ojo traidor de la niebla.
De los dientes innacidos e intestinos brotan
de madrugada los estiércoles de esas carnes definitivas
y los pies se desploman bajo las alas
en las fuentes de tu interna guadaña.

Escucho los cuervos bajo las montañas multíparas
y todavía dispongo el ansia que intransitada
enturbia y demora contra la larva
mi advocación corva en el circular edículo,
donde el yermo compás indisciplina mis fracciones
hasta el definitivo y emergente verbo de banderas
y hacia mi antagónica superficie caduca.

                                                   9-abril-2015

miércoles, 8 de abril de 2015

Los que ahora licúan azul escuchan a esclavos y
te podrían inflamar la espuma de los ojos y te estremecería
                                                                                       la ansiedad
el precio que no te sabe extraer el agua
y la cosecha y el tallo arterial,
ni las profundas incandescencias de los salvajes
que hacen sabotaje invernales a sus partes,
como si la lluvia interiorizaran adentro los labios los temblores
                                                                                       estancados.

Crecidos de roces articulados, como de los graznidos
de las poleas, dilatados y vencidos por la gravedad,
llaman en la turgencia las estructuras drenadas
de los cuerpos, aunque sus extremos
se excedieron hace mucho de la política de intermediar y
muy deprisa, ya que sostuvieron la viga
por sus espejos y casi no se dolieron del parto y de
                                                                                      las amenazas.

Como reemplazaron la distensión bajo sus bolsillos,
que sobrevivían por los minutos y la luz y deseaban
fronteras sin contornos en los bienes preestablecidos... Haces de
                                                                                      las diferencias sutiles
y rol de la excelencia los proyectó hacia los artificiales
                                                                         subsuelos como a una procesionaria
de muy largos desvíos y en los vientres se deshacían razones
de ácidos remotos, exiliados por una piedra, un placer o
                                                                                      una narcosis.

Los eccemas son tan solemnes que no debes
                                                                                revolverlos
ni vigilarlos con los gritos
de las armaduras y las torres de la prisión,
y sus barrotes progresan como carbono en las espirales
                                                                                innumerables,
que prensan a las bifurcaciones de tu clemencia las cruces lejanas
                                                                                de los tambores.
Elección, o historiografía interior
de la orfandad tras los ápices silentes y nodulares
y ningún diferencial de las analogías te convoca para la
                                                                                travesía.

Los he diseccionado en la obscuridad, y aún ahora los segmento,
amputando de su mugre cada imperio y
                                                       cualquier infamia,
para lapidar en las cenizas, las creencias postergadas sobre las que
rezuma una autopsia de terror con su palabra, hacia espacios
                                                       ambivalentes, que abren
a la estrategia su otoño exhausto, hacia la inseguridad, hacia
                                                       umbrales, esquirlas, basuras cuyas raíces
cicatrizan por las pieles violadas de la barbarie; aportaciones
como silencio que, tras el colapso, positiva la ignición, la
                                                       resistencia de alguna célula o castigo.

Del cosmos nadie reparaba con paciencia y nadie miraba
cuando los márgenes imponían su rastro, las costuras
del ser, inhaladas a través de la huella y creciendo
por la gruesa maleza y la gruesa ebriedad de la cumbre
                                                       dactilar, en un destino que
únicamente desafiaba al tuyo en las ranuras; no reparaban
en largos rituales, maneras, cremaciones, lamentos que eran
tu puente, ni en la vergüenza... aunque siempre se refugiaban,
y sus morbosidades se reordenaban sin interrupción y sin equilibrio
en el odio, en la catástrofe, y en un légamo, embaucador, que
                                                                         culminaba la rompiente.

                                17 marzo/ 18 abril - 2015

martes, 7 de abril de 2015

Déjame tu axila, la concavidad de mi idioma
posee un sabor difícil,
un ansia de estallido
y un centro de arco enigmático.

Déjame tu axila, la equivalencia de mi instinto
cría un vidrio mal pulido,
una advertencia austral
y una matemática de cruz gamada.

Toma los pedazos de mi cuchillo,
haz un deshielo macho,
rige el tallo de esta peste.

Pero no preguntes por la barba de las mareas,
ni quieras la bisutería de mis algoritmos.

Dejame tus axilas;
el desencanto otorga afecto a los sublevados.
Para ellos disuelvo los trucos.
De ellos es la inercia.

                                        7-abril-2015
Me trastorno ante el enigma y
ante el abismo y ante las distancias que se ordenan en la
                                                                         incoherencia, errática
en un perfil que no puede decir la digresión;
                                                únicamente recóndito y compulsivo y brutal
es este perfil... Manos y labios juegan en la sangre
                                                                              y piensan
que procedo del ámbito y no me complacen en otra cosa que
las calladas banalidades de días vacilantes y me
                                                                               desbordan...
y no me llenan, porque
me trastorno ante el enigma.

En la hora inesperada no conciliaré la inhábil ética y la moral
escribirá la maldad de mi cuerpo. El contagio del dolor
será inflexible y la subconsciencia no podrá redimir
las mitades
de mis crónicas de espanto... Esa hora lo aniquilaré
todo y derribaré los monolitos
de grafía impaciente.

Así entraré de nuevo a los fuegos de brío verbal y
trazaré el vaho como un arroyo convoca el equilibrio en los
                                                                                         escalofríos.
Me trastorno ante el enigma...
Y reinvento la noche; pues en cada bolsillo termino espejos que jamás
                                                                               sonreirán a la impía amnesia.

                                    2/7-abril-2015

lunes, 6 de abril de 2015

Dormiré en los jarros de podridas huellas,
y preguntaré el viento, y la obscuridad
oiré solitario.
                        Percibiré las hierbas niñas
en las yemas del sueño
hasta hacer frecuencia la fiebre
y retroceso el orbe impermeable al sol.
Ninguna tumba trabajaré 
pues estaré cansado de zapatos 
e hinchado de escupitajos y camino.
                                                                 Mi sequía
circundará los pozos y un blindado tiritar
demolerá la sordera de mis tormentas.
El hielo recorrerá el hundimiento
                              y el irrecuperable
logos de mi isla.
                            Olvidaré anudar a las
                                                            orillas
los tobillos.
                   Deshechos
y venéreos insectos presenciarán
la líquida tristeza de mi ingratitud.

                                1/6-abril-2015
Ascendiendo poseyó la ignorancia a esas piedras:
cercenaron de nombres secretos ausencias,
dijeron la sed ante preguntas pálidas y noctámbulas,
y tornaron el iris de sus cadavéricas lunas
en fuegos rotos y principio de olvido,

porque a la culpa extrañaron líneas de encrucijada.
Quienes no engañaban fueron cubiertos por guijarros,
aunque se habitaron de sus vulvas originarias
y moldearon cientos de ombligos de insomnio
en las cópulas de su pleitesía.

A pesar de que estuvieran aconsejados por la fosa,
los homicidios de sus muñones estaban en la tierra,
en el humo de la sangre de los báculos;
internamente se combaban a destiempo las cuchillas,
los círculos explosionaban y el roce del barro
no oía raíces de un arrebato valija.

Nada asentará esas lunas,
ni esos órganos, esas sangres.
Demasiadas consciencias excavan sus alfabetos.
Sin embargo, su aniquilación se mira
establecerse nómada en los clanes del tallo común.

                               1/6-abril-2015

miércoles, 1 de abril de 2015

Cuando no tengo voluntad, hago mutilar mi desorden tras la
                                                                                          maleza
y anhelo que mi violencia renazca  y cubra la raíz de
                                                                                          las hemorragias.
Por el hueco de una úlcera deslío las arenas,
detenido por el repliegue de los hedores y el
                                               parto de los venenos de los sueños.
Me reúno con un verano, donde oxidan las preñadas
                                                                                          sus vientres
palpando en el niño que ya cuelga de un abismo.
Despiertan lugares alienados y desvelan la inercia
de continuas uñas sedientas.

Hielo la boca de los mármoles bajo la tierra
y el oleaje de los sentidos.
Desafío la flexibilidad del calor
y consigo que la turgencia de las hembras se vidrie.
Arrastro el vicio del relámpago al frenético exceso
que grita sus naufragios en el tiempo de los esqueletos.

El pavor aúlla como lúcidos epitafios por los mártires de la
                                                                                          farsa,
y mi lástima es el coraje del orgullo
que compone otra órbita como ante el primer cuchillo,
y que galopa el triángulo de los espasmos y el oxígeno de las
                                                                                          líquidas dioptrías
en la paráfrasis de los vértigos.

Hurgo mi aniquilamiento en los adoquines del sexo y
profano las estirpes, omniscientes como la metamorfosis
                                                                                          de la crisálida
y el libertinaje.
Observo gotear la espiral sobre la nervadura calcificada de
                                                                                          los torrentes ebrios,
que jamás lavaron tanto desencanto como hasta ahora,
cuando todo lo contradije, purificándome de la fundición civil de
                                                                                          la alevosía
entre estas infraestructuras que son rapto quebradizo.

En nada he hallado la alquimia aunque no traslade mi bitácora.
Pero ha quedado claro que no ahondo en liturgia alguna,
y puesto que me desmembré de cualquier sintaxis,
ahora soy una instantánea de cutis difícil y arrullo ofidio.

Nadie lee mis ojos, que me corromperán.
Enfriarán mi boca y sacrificarán la sierpe y quemarán
                                                                                          la noche
en que no me impugno.
Obviarán que yo tambien alimento el tacto de los relojes
y eyecto inmediatez en la sístole y la diástole de los días.
En un ángulo del escenario me harán trizas
cuando las llaves o el axioma o la savia
den con el éxtasis de mi secreto y de mi espina.

                                          1-abril-2015