martes, 3 de noviembre de 2015

Mi sangre no es del invierno ni del otoño, ni del verano o la primavera,
     únicamente,
sino solo cuando me engrilletan a los regresos que yo padezco con latentes
     oscuridades.
Aunque desde mi origen y a contracorriente
y en esos carruajes en que se anuncia el polvo del día y se
     susurra la grieta,
si me extirpan mi marca de fuego y me arrastran a claudicar sin el
     esbozo de mi sombra,
comprobarán que trasluzco a ese indivisible nudo de los enigmas
     volubles,
a ese diseño indispuesto que se hurta a un puente como a la ceniza del
     vacío
o que absorbe la imagen de aquello que refleja,
bien sea una espiral, bien sea un iceberg.
Basta que una fisura me desnude sin previo aviso de arriba abajo,
a espensas de un ahora, a espensas de un jamás, o alrededor, o
     nunca,
para que rasgue tiempo con una llama en los labios
     de mi noche.
Porque así es mi archipiélago: un acosador poseído por los relojes,
perforando temores, odios y cegueras a los vientos que gravitan
     entre sus nervaduras.
Yo tajo la metáfora, cada bulbo de formas liberándose, con
     mis propios cuchillos.
He plagiado equinoccios que detesto menos que mis células,
sonidos abrasivos como lapidaciones de infinito en un antídoto.
Y no es por anexionar infames cabellos de metrónomo tras déspotas
     amenazas.
Es por los enredos del elixir,
por nexos de epidemias y de ruinas todavía frente a un abismo, a un
     abismo inútil,
que me abro al contagio por hábitos tan infames como una llaga en la
     que siempre renazco,
que según se me ausculte soy un pozo sin légamo,
un rostro carcomiendo en un prodigio donde se enraiza recortada por el
     silencio mi quimera,
una impureza difuminada en la que se deshace una arena líquida que
     me transmuta en hilo,
casi en pérdida.
Y nunca obtengo la noción del arrebato; no consigo explosionar bajo
     mis humildes escamas.
¿Pero dónde se agarrará este insomnio aproximado
que saliva sin rezagarse hacia otras visiones, otras alucinosis y otras
     abstinencias?
¿Cuál podrá ser mi buhardilla en este escudriñarse, tras tanto desasosiego
     ulceroso
que segrega mucho más que los chancros, las ansiedades
     malignas y cualquier engranaje empírico?
Tal vez la palabra de la antigüedad tallada entre unas piedras,
la palabra que me erosiona desde el primer tatuaje hasta el último
     pliegue.

                                        3-noviembre-2015