jueves, 26 de noviembre de 2015

Cuando la piel suplica ¡basta ya!
todavía resta la esperanza de los
pinceles embadurnando con ceniza
aquellas señales que limpien el
cuerpo, todas sus cavidades, del
     vértigo continuo.

Y aunque escuezan las redes, un viento
interior sopla bajo el árbol que cobija
a los relojes de la pereza de los enigmas
y la húmeda tristeza de los espejos rotos.

No fue el color quien penetró primero;
fueron las edades verdaderas de las huellas,
fueron los escozores de las raíces solitarias,
fue aquella estirpe que partió en dos las
     arrugas de la distancia
y el hallazgo de los alquímicos aquelarres
y el saberse de una vez por todas
náufragos en el negro sobre blanco.

Ahora toca descender el río y no dudar
ante la sospecha de piedras en la boca.

En el estómago esa devoción por ver crujir
a los pies del mediodía la hojarasca de la infancia.

                              26-noviembre-2015