jueves, 8 de octubre de 2015

¿Qué unidad es esa que se doblega y reflexiona en la cárcel
como si jadeara el dolor de la primera tortura?
Yo no he coaccionado a nadie. Yo no he expresado tener otro sostén.
Y no autorizo verdugo alguno a llegar hasta aquí para disciplinarme
                                                                                    [como cigarra sádica,
como una plaga de chorreantes e inútiles máscaras.
Soñé, permítanme un momento
(he de marcarme con algo hasta que se catapulte por desgaste la llaga)
desde la insensatez y el desprecio soñé aquella parábola,
cuando Babilonia caía ante mis muros dorados como una
     guarida de leones
instándome a reinar,
y yo, con el fardo gastado de prodigios, de sobrecarga vivificadora
     y secretas fuerzas,
rehuía in situ las leyes y los dones,
mi voluntad tentada por bellos paisajes y de pronto arrastrándome
     fuera,
lejos de aquel obsequio inesperado
al que acudían tan sólo los devoradores y las rameras.
Igual el oráculo no tuviera sexo.
Que se multiplique ahora la avaricia y no tenga sexo.
Que me socorra el aroma sin pan,
que los vehementes lujos asciendan y me alquilen,
y la conciencia de todos los que caminan transforme mi sencillo
     silencio.
Pero únicamente la puerta de un infierno sin balanza me abre.
No es posible confiarse de las bocas del éxtasis:
su saliva habita en mí.
Ya que provoca y absorbe irremediable la llama más
                                                                     [candente de las tinieblas
sobre nervaduras que deslumbran como un estallido, como un vórtice
     colérico e infinito,
menguando su rumor, el bramido de las profundidades.
No alucinaciones, ni guadañas, ni holocaustos.
Detrás de las incombustibles fragancias madura mi propia sombra.
Recuerdo desaparecer bajo las transparencias de los líquenes,
y hay un colmillo blanco que cuelga mágicamente en el árbol
y luego ya nada me importuna salvo achicados gusanos
que me arrojan a las inmisericordes y siempre irrevocables
     brasas
y es una malla esa que me atrapa quejumbrosa e inmóvil
de la misma manera que el insomnio cuando me horada con su sarcasmo
     desde todos los ángulos
y me lapidan sus piedras de terribles semblantes hendiéndome los huesos
mientras lucho por extirpar los nudos que tan bajo sospecha permanecen
     dentro de mi cuerpo
con ese desencanto de quien desordenó las hebras de su ya
     humillante eje
aunque tenga que salvaguardar la caverna
en la moratoria de una última placenta
para no eclosionar únicamente lógica déspota y delirio
sobre el esfínter abierto del cosmos
aquí donde estoy eclosionando
y eclosiono y eclosiono
tras ningún combate.

                                     8-octubre-2015