miércoles, 28 de octubre de 2015

He devocionado la pureza de la piedra
para tocar su perfume,
y huído hasta los territorios de sueño y pesadilla
donde el vestigio se enloquece hacia viejas cadencias
en gestos de miedo;

me he obstinado en imaginar lo intangible:
las sombras que callan durante años
en álbumes anodinos,
las fronteras de afecto con que la palabra y el sonido
me envuelven con el grito
en celdas poderosas

de igual manera que desvelo mi silencio:
paradojas de luz que giran en clave en el centro de la brasa,
el tacto de la respuesta en el sexo, el tacto de la sinrazón
y la densidad del impromptu engendrándose
en la pulpa tierna, como los escalofrios innumerables y frágiles
de los huesos inmutables.

El poniente reconforta impasible, bajo un artificio de escamas,
y en otro lugar está ninguna parte,
o sólo las omisiones de mi timidez,
ausentes y cercanas, y obligadas en su destino
igual que mi liquen innominado, de frente ante el vacío
o demorándose ante una corona de hilos y conjeturas
para inyectar algo de forma al puente.

                                   28-octubre-2015