viernes, 4 de septiembre de 2015

                                      ÉXODO II

Mirad aquí unos cadáveres cuya extensión no acusará la tierra,
arenas donde jamás ha fermentado el residuo arcano de los hilos
     del tiempo,
edades que nadie disipará despertando el eco de algún
     abismo;
trenes obscenos en todos los vagones.
Son los cadáveres sin lápidas.
No intuimos sus alas, ni su errancia.
Nada concedieron que revelara el color o la voz.
Sus lunas se dilataron sin vergüenza en la sombra,
a pesar de que su naufragio fuese delirante como una puñalada;
porque no anudaron ni la red ni las horas en los indelebles muros
     invocados por la ignominia,
porque únicamente atesoraron un océano menos injusto que la
                                                                                        [ciega lepra del
     secuestro.
Así es que sus uñas son una galería a coro de reptante ansiedad,
y su noche los dientes de nuestro éxtasis,
y sus cabelleras la prisión de nuestras manos.

                                     4-septiembre-2015