miércoles, 16 de septiembre de 2015

Es envés el corazón
y quizás lo derroquen hábiles vasos solitarios y odios como
     muros,
a pesar de que no se huela sino el crudo liquen,
tal vez la orgía en chorro de un bicéfalo brasero.
Es osado y duro y me plagia el juego que embriaga con
     cada latido,
con cada pieza de la indignación.
No puedo vencer.
Quedarán para otro baile los verdugos elegantes,
el prominente pie del éxtasis, mi intacto puño de mártir
     en los precipicios.
Es horrible atardecer del otro lado con toda la ventisca en las arterias.
No consigo avanzar aunque abandone mi refugio a la infamia,
a unos cuantos pedestales, a una hebra de lividez, a mis paupérrimos
     enojos.
No circula ni mi insomnio entre cada empellón y la piel.
En vano me compadezco mientras camina junto a mí el sonámbulo de
     espejos prohibidos,
este agridulce sacrilegio, aquel auriga que sostuvo una hoguera debajo de
     las uñas.
No hay reposo para un loco enjaezado, para un ladrón tirante,
ni siquiera trenzando sus nidos hasta la más prodigiosa
     anamorfosis,
o erosionando sus alas para el engaño de algún bígamo pliegue cincelado
     en el sepulcro.
No soy quién de aliviar esta obra maestra con tan poca sombra.
Están agarrotados los cuchillos y son insuficientes los velos
                                                                               [para abrevar en este bosque
     viudo.
Siempre aguarda un rumor como un sable de heráldica o
                                                                   [cierta flojera que yace sin motivo,
cuando repta una cobra igual que una grieta carente de astucia
     y de falsa salida,
o ataca, siniestra, el ansia de una garganta.
Jamás se enfrentará el esperma a sus elegidos.

                                                16-septiembre-2015