martes, 22 de septiembre de 2015

Ahora que te vences me trasvuelas
más inconsútil que el cuervo.
Me escribes tan bajo sospecha que naufrago.
En tus alas no proyectas el eco.
Ni incluso migrando de tantos otoños,
de debajo de las tinieblas todas, del ténebre humo sin
                                                                                         relojes,
adeudas el difunto caos anudado en el espectro de una huella.
Has tenido que acudir traicionando los teoremas del
                                                                                     almanaque,
desvaliendo los centímetros de la nada y el polvo donde
         no padecen los horizontales pulmones de la intemperie,
para arrivar así, sin mineral ni misterio, en el vivo eclipse
                                                        que la urdimbre no maniata,
y con el deshilachado discurso de que todavía eres
con tus ramajes, tu aguijón y tu esquizofrenia.

Jamás pensé que los locos renaciesen
y hete aquí ante los ojos, voluptuoso y clandestino.
¿Qué quieres cauterizar? ¿A qué vienes,
tú, que te amortajaste en barro y en calima
y te burlaste de la paradoja de las tautologías?
¿Y por qué dejaste crecer tanto tus barbas
si nunca vas a desmoronarte ante una guillotina, y presumes
como una bestia en la aureola del delirio?

Tú, hermético falaz, ostentas el tridente
y te contraes sobre mí con tu danza reptil.
Trepas por la médula. Igual que cuando
enhebrabas tus fulminantes himnos
y a tus pies estacionaba la pirotecnia del ególatra.

Siempre entendí tu vorágine. Burdas dentelladas
te contituyeron metáfora, préstamo e infinito.
Por eso atacas y yo te desarmo
como cuando, profético y psicópata, masturbabas la hoguera.
Con que cinismo respiras, y como crepitan tus
tiránicas colmenas.

Tu oprobio me observa sediento.
Nada restaña tu inminencia. Te hipotequé demasiado pronto,
entre orines de anarquía, allá donde el mundo no madura
y agria ungir el pánico ante la esfinge inerme.
Ahora has precipitado las aguas en los espejos, deshaciendo
la carroña de divinizar el carisma de los émbolos.
Y mientras me narcotizas, habito en tus arterias
el geómetra eslabón de tu adusta
sombra sin libertad.

                                      22-septiembre-2015