martes, 4 de agosto de 2015

En el estío, cruzo tus montes, cruzo tu vientre,
          tiemblo junto a tu luz.
Así me doblego, como un rumor sin paz, bajo tu sombra.
Busco tu sexo.
Te expando y te he hendido y trinas una miel brava.
Busco tus zarzales sin que me frotes las espinas.
Busco tu silencio.
Pude anegar tus palabras y ahora te aplicas a mi lentitud
y súbitamente embistes ante mis enjambres como un
          matiz del aire.
Adecué la verga y olí en los astros tus axilas perennes
y tu fronda, en un eco,
con el denso bálsamo
que pude constatar por el sudor de la piedra.
Miraré que sed falta a tu mar.
Tendré que descender y elevarme de nuevo
y remontarte
pero lo haré para tensar tu rubor que es ya mi tierra.
Sólamente por ti sangro en el barro.
Sin desazón, sin rabia, sin brasas, sin la
          frontera hórrida del deportado.
Volveré a encarnar tu fortaleza.
Volveré, superando cualquier nunca, a pronunciarte los
          brotes convexos del acorde.
Volveré, a consumarme sobre tus orillas. Volveré,
siempre volveré a que me observes fluir, junto a
          tu lápida.

                                     4-agosto-2015