viernes, 7 de agosto de 2015

Cada confín es un deshielo donde se profana la transparencia,
donde quiebra la llama sobre el aquelarre sahumerio de los picos
esgrafiado entre arcadas y entre anomalías.
Yo huyo junto a los cuervos antiguos de las contradanzas de los victimarios,
al amarillo quemado del trisquel en espejos cárdenos.
Es irreal apuñalar con las escamas mismas del viento cegado por la
     caverna del desastre;
es difícil tocar lo que se descostra y humilla ante pedernales
desde tantas formas exigidas a la máscara de la conciencia.
Todas en su tránsito de absoluto,
en su asunción de palabra y de roca;
ninguna ausente,
marcadas al rojo en el filo de la franqueza con la brújula,
advierten los artefactos, el ritmo de cada desencanto, la grieta que
     no cabalgo.
¿Y sin embargo no me instigan desde la apoteosis de cualquier reloj
lo mismo que a un torrente?
¿No me extravían con su narcosis de tiempo,
igual que a una bestia,
contra la migraña aplastada en el racimo del crepúsculo?
¡Ruda esta luz que consiente aniquilar al tañido
     emboscado
y atrae hacia el eco esta diáfana lipotimia de herrumbre!
Nada amputa este coloquio con avenida de exilio,
con violencia de siglo que gesta a la vez su corteza y
     el metal hondo;
ni es causa esta ojiva que estalla como un eclipse en la órbita
     del vórtice,
que hechiza y se engasta igual que una turba de carroñas,
que se aferra y se articula parecido a una heráldica huésped en un
     haz de rehenes.
¿Y la sombra?
¿Quién cosecha esta sombra urdida entre agaves,
esta tramontana desterrada siempre gregaria al tizne cadáver,
este rompiente a tientas con la estirpe?
¡Ya basta, pliegue del nudo, tentacular pliegue de jadeo en fuga!
Es de nuevo la misma corrupción de sentidos perpetuados,
el mismo pólipo sin arnés que me decapita el aire.
Es de nuevo la misma chatarra hacia donde embisto
acosando un velo por el camino,
tronzando la armonía donde la leyenda es una sola
     cripta de incertidumbre.
Es de nuevo el mismo reo que asegura que no soy,
el mismo hilo de aludes que me pertrecha hacia dentro hasta el
     vientre del origen,
hasta la destructiva colecta de estas manos con las que nada despierto
y que únicamente verifican la ceguera calada en las arterias.

                                           7-agosto-2015