lunes, 8 de junio de 2015

     Hacia un confín paciente y sin espinas ahora me pierdo.
Ahora me conducen antiguas naves
     con el polvo del destierro en los costados
y en la sangre el esquivo espejo.
     Camino las ruinas, con el pecho por ofrenda
y mi sombra eyecta de las vértebras de la caverna
     los últimos oropeles del esclavo.
Y junto a mí avanzan las huellas contra el abismo.
     Distingo uno a uno los objetos de angustia:
Noche en vela la abreviada espiga.
     Liturgia y pebetero el jamás del incienso.
Honda invocación el extraño sexo.
     Hacia donde en insólitos harapos huiré.
Las fronteras ardientes las confesionales espinas
     esculpidas en revoluciones y en rebeldías
proclaman: ¡ No dude el que grita !
     Toco el eco como llama de silencio.
Palabras encrucijadas con extravío entre los reversos
     los signos del préstamo tras los contrarios.
Y una laguna inerme, por el idioma de unas salinas vírgenes aterrada.
     Los confines de la mortaja.
En donde, lúcido, avanzaré.
     Las máscaras hipócritas y las penitencias caídas en
mapas y en patrias sin adolescencia
     proclaman: ¡ No dude el que grita !
Hacia un confín paciente y sin espinas ahora me pierdo.

                                         8-junio-2015