jueves, 18 de junio de 2015

Si mi bosque desvela un aroma de zarzas
absorbe otra vez el aire cuajado. Si la no tensión
     estanque de mi silencio
late con un volcán, fluyan dentro las piedras.
Antes saboree el cuerpo de las lluvias mi barro
que sepulte el recodo violento en la finitud cruel.

Toda gota de sangre se trenza a tu celo de perros de sal:
coronaré viñas de ansiedad con salvajes en espina,
desgarra, quema, ahuyenta sobre puentes y la posible fiebre
antes de que yo turbe a la isla con un astro, esqueleto,
estrella la palabra y maldice la diana ferrosa.

Si mi robusta y bárbara ofrenda es visceral
resquebrájame, continuaré en la batalla de la tierra. Mi nieve aúlla
cuando orinas la honda huella. La cueva es contienda de origen,
deslízate, si mi placer es lejano, razón de rayo o espasmo
un éxtasis caleidoscopio y sin mapa que escalone los ocres ojos marinos.

Nunca. Nunca por la cancerosa dentadura de cirios,
o un azulado tajo entre escabrosas estatuas y víctimas
ensancharía mi rabia, o tu vientre de colmenar.
Debes fundamentarte en postrimeros picos, pues no existen direcciones.
Ni cuando se apiada el sediento estiércol siringa del sexo de
     las lágrimas.

Hoy para crecer opulentos en mosaicos y mi cicuta como pozo,
para la mortaja y el excremento, para el esclavo ya jamás espejismo,
mi brío devorado, engullido desde un desnudo luto;
altar que engruda esta ceniza desde la orilla del misterio
hoz y subsuelo le pertenecen, en alguna parte tienes que hozar o reir.

Aprópiate más de lo que debieras de la carroña perpetuada por la oración,
en la danza surtida con buitres. No golpees
a través de los ventanucos de cabelleras y holocaustos, ni a los híbridos
     líquenes del yunque.
La horca y mi humillado semen dispuestos esperan a tu miserable
     helada,
y el cónclave de rebaños y vulvas dictan un nuevo adiós.

                                  18-julio-2015