viernes, 12 de junio de 2015

Ahora tan digna la ebriedad. La crin
comba del vigor al silencio.
En ocasiones asciendo su frío, me encorvo para herir
este hambre sin memoria. Así, compruebo que podría excavar
donde el pulmón de la abstinencia como un cadáver. A pesar de todo,
escupo a la ebriedad en lo obscuro. Por eso grito siempre
con el reloj silvestre que burlo habitualmente, jamás con el de agua.

Me ahogo cuando toco al pulmón como a una víbora lodosa
vaciada por las horas aún palpando estas vísceras
en contadas ocasiones. Una vez toqué dos pozos al ignorar la fiebre
y varias alucinaciones cotidianas sobre
las sortijas de la magnolia de nieve. Estos por qué se han aposentado en
     las líneas de la mano.
Por eso nunca es raíz la muerte. La ebriedad es un éxtasis
     todavía más turbio
del que brota el bóreas de las anémonas y de las lechuzas.

Al alba bailo en los dos pozos rivales y las varias
alucinaciones sobre las sortijas de la magnolia de nieve.
Asumo que estas deudas lustran sin cesar los jadeos de la
     abstinencia.
Permanezco elevado, siempre con los labios extáticos, armado con el
     reloj silvestre.
Está descubierta la claridad angular, la retórica de cada
     incoherencia.
Renuncio en la cama maloliente; en la pasión del mito,
                                                            [ donde se halla el origen,
la claridad incisiva señala directa, única, es pura la seminal noche.

                                            12-junio-2015